Los talleres de creación literaria Caracolí del Cesar son una iniciativa de la Gobernación del Cesar a través de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas. El objetivo de estos talleres semanales es la promoción de la lectura y la circulación de usuarios en las bibliotecas de todos los municipios del departamento. El programa busca el reconocimiento cultural de las diversas regiones a partir de la divulgación de escritores y artistas locales, entendiendo que ese reconocimiento solo es posible desde una mirada a la cultura universal. Para tal fin se ha dividido la región en cuatro nodos: Nodo Centro, Nodo Noroccidental, Nodo Sur y Nodo Norte. Cada uno de estos nodos tiene un coordinador y cada municipio tiene un tallerista que desarrolla actividades de gestión, información y creatividad con niños, jóvenes y adultos. Las bibliotecas municipales son el espacio donde se realizan estos encuentros y sus bibliotecarias son la mano derecha de los talleristas para alcanzar las metas. La dirección general de estos nodos está centrada en la Biblioteca Pública Departamental Rafael Carrillo Lúquez de Valledupar. El programa entiende que un proyecto de lectura es a largo plazo y necesita la participación seria y activa de las instituciones locales, sean éstas públicas o privadas: alcaldías, grupos juveniles, fundaciones, iglesias, juntas de acción comunal, colegios. Este blogg es parte de una estrategia de comunicación y visibilización de las actividades que se realizan en los talleres, aquí se encuentra la producción de los participantes, las metodologías de los talleristas y las reflexiones que se generan en la experiencia. El blogg es la punta del iceberg de todo el programa por la promoción de la lectura y la construcción responsable de región.

viernes 3 de febrero de 2012

El arte de la burla

Benjamin Casadiego

Un pintor se retrata a sí mismo. Pero, ¿cómo lo hace? Da un poco de miedo, la verdad. Cees Nooteboom, El enigma de la luz.


En 1685 Aert de Gelder se pintó a sí mismo como Zeuxis de Heraclea, pintor griego del siglo V a.C. que alcanzó a desarrollar una incipiente técnica de luces y sombras y, según dicen, murió de risa al tener que retratar a una mujer entrada en años: para este artista de la antigüedad que, según Plinio el Viejo, lucía una capa con su nombre bordado en oro, era claro que la belleza de la juventud y la naturaleza era lo único que merecía pintarse.

Zeuxis, o su representación, nos mira riendo y nosotros, como espectadores cómplices nos reímos con él, con lo que el triángulo de la burla y el chisme queda trazado: dos cómplices, nosotros y el pintor, más la causante de la risa que está a un lado. Además está claro un detalle que es la condición para que ese triángulo exista: la modelo no debe saber que nos estamos burlando descaradamente de ella, es por eso que permanece impasible e ingenua, pues el giro que ha dado el pintor hacia nosotros ha sido discreto: casi un guiño que luego provocaría su muerte. Nosotros como espectadores cómplices de esa burla hemos traspasado siglos como sombras sin que ella se entere de que allí estuvimos y allí estaremos para que ella exista. Si nos trasladamos a ese curioso instante de la historia del arte podemos imaginar a esa dama altiva y quizás poderosa huyendo aterrada del taller dando por hecho que el pintor se había vuelto loco. Moriría engañada; la risa no era de locura, era de burla.

Para Rembrandt Van Rijn, maestro de Gelder, la historia también resultaba cercanamente llamativa, de hecho la pintó 23 años antes que su discípulo. Le era cercana a él, burlón consumado: cuando pudo, cuando los cánones sociales de esa opulenta Holanda del siglo XVII lo agobiaban, pintó sin piedad en son de burla. Los últimos autorretratos lo muestran junto con su mujer Saskia, en tabernas, muertos de la risa, bebiendo y mirándonos con festiva complicidad. ¿Carcajada, risa o ironía es lo que uno percibe en los autorretratos de ambos artistas? “Más bien se percibe –escribe Cees Nooteboom- entre esos dos hombres un pacto secreto, una fraternidad irónica, como si para ellos no contara todo cuanto tiene valor en el mundo exterior. Escuelas, teorías, sí, sí, todo muy bonito, pero, espectador futuro, ¡mira mis dedos! Hay pintura en mis pinceles, pintura en la uña de mi dedo índice, con el que señalo el tarro de pigmento”.

La ronda de noche (1642), que cuelga solemne en el Rijkmuseum de Ámsterdam fue encargada a Rembrandt por el poderoso gremio de la guardia cívica y que el maestro termina retratándolos al borde de la payasada. Quienes tenemos la fortuna de ser herederos visuales de ese cuadro no nos importa gran cosa la anécdota perdida en los tiempos, celebramos con emoción contenida el esplendor del claroscuro y la composición, aunque en su tiempo haya sido una minuciosa burla que la burguesía neerlandesa le cobraría por ventanilla hasta casi dejarlo en la ruina. Pese a todo, sabemos que no lograron derrotarlo. Persiste la risa, el sentido del ridículo, esa es la imagen que nos queda: Rembrandt mirándonos, celebrando en interiores de tonos claros y oscuros, convertido en lienzo, junto a Saskia, su amada, diciéndonos, sin ánimo de revancha: He visto el mundo y tengo claro lo que puedo esperar de él.

¿Puede haber placer más intenso y al mismo tiempo delicado que el de reunirse en grupo a hablar mal de los ausentes, a reírnos de los defectos y los fracasos ajenos? Tal vez no. El chisme marca un signo de distinción entre los seres humanos y los animales: mucho antes del Banquete de Platón hasta las habladurías en nuestras cocinas urbanas o rurales, el chisme hace parte de los grandes beneficios del conversar: Según el sociólogo Isaac Joseph, las normas que refuerzan el chisme son menos normas de comportamiento que normas de comunicación. Es decir, prima la idea de encuentro y placer, más allá de lo que ahora pudiéramos llamar lo “políticamente correcto”. Y en esa arena se mantiene una regla de oro que nació sin reglamento escrito (puesto que el ejercicio es meramente oral, crece y muere dentro de la oralidad pura): el ausente, es decir el centro de nuestras burlas o nuestra rabia frustrada, no puede enterarse, preferible morir: morir de risa.

Pero hay otro placer, quizás más exquisito y peligroso, que el de reunirse a hablar del prójimo ausente. Es un placer que más allá de diferenciarnos de los animales, nos diferencia de los otros seres humanos. Es un placer tan delicado y peligroso como una cena con fugu en un restaurante de Tokio: podemos morirnos mientras comemos ese pescado que contiene cantidades letales de veneno en sus órganos internos, pero podemos salir siendo otro siendo nosotros como si esa cena hubiera desarrollado, más que acopio de proteínas y deleite al paladar, un encuentro certero con la sombra de nuestra muerte. Ese azar es el alto precio que debemos pagar, igual que en el restaurante, para disfrutar un placer que está un escalón arriba del chisme comunitario: el de mirarnos y reírnos de nosotros mismos. ¿De qué quedan hablando nuestros queridos amigos cuando dejamos una agradable velada y allí quedan ellos? ¿Qué piensan de nosotros las mujeres que han pasado por nuestras vidas? ¿Cómo organizamos el relato de nuestro fracaso al final de un día pésimo?

Tal vez hay indicios de que allí esté la nuez en el chocolate.

John Coetzee nos ofrece niveles de sabores y sensaciones a lo largo de su producción literaria; es, volviendo a los restaurantes, un cocinero que prepara cada noche un plato con delicadas sutilezas, tal vez en detalles que no tengan que ver con el plato en sí mismo, sino con ciertas luces en el ambiente, el trato, el saludo, la música al fondo, aquella especia desconocida en el fondo del paladar. Uno le agradece a él esa (¿sinceridad? ¿honestidad?) que define su obra, aunque sabemos que no basta la sinceridad, lo correcto o la calidez para construir una obra memorable. “Cuando trata de imaginar el tipo de poesía que fluiría de hacer lo correcto una y otra vez, solo ve un rotundo vacío”. (Juventud, 2002) “De todos modos, de la calidez no nace poesía. Rimbaud no era cálido. Baudelaire no era cálido. Ardiente, sí, eso sí, cuando hacía falta.” (Ibíd.).

Coetzee habla directamente de sí mismo en tres de sus obras: él es, dentro de su real ficción, John Coetzee visto por un novelista que conoce la técnica de narrar y que conoce muy bien a su personaje. No es el mejor perfil frente a un espejo el que Coetzee nos presenta. El tiempo que vive, el sentirse sudafricano, los sueños de juventud, las relaciones con los otros, la vida en pareja han sido abiertos por un bisturí sobre su mismo cuerpo, sin un whisky a la mano para amortiguar el dolor:

De vez en cuando, por ejemplo, se ve desde fuera: un chico-hombre preocupado, susurrante, tan aburrido y normal que nunca lo mirarías dos veces. Estos instantes de iluminación le perturban; no intenta alargarlos, trata de enterrarlos en la oscuridad, olvidarlos. ¿Es el yo que ve en esos momentos la persona que parece ser o lo que es en realidad? ¿Y si Oscar Wilde tiene razón y no hay verdad más profunda que la apariencia? (Juventud)

Es un hombre débil –repliqué-. Un hombre débil es peor que un mal hombre. Un hombre débil no sabe dónde detenerse. Un hombre débil está indefenso ante sus impulsos, te sigue a donde quiera que lo lleves (Verano)

Trazamos una línea entre su primera obra, Dusklands (1974) y Diario de un mal año (2007). La primera es una pregunta sobre el colonialismo neerlandés, del cual él tiene su propia historia al ser hijo de inmigrantes holandeses en Sudáfrica: el es un boer, un adjetivo que lleva colgado en el cuello con molestia; es su primera novela y allí se despliega una incontenible fuerza narrativa, igual de salvaje a esa historia sin misericordia, una fuerza que al pasar de los años se va concentrando en historias más íntimas. Diario de un mal año, es su postura política: democracia, nación, derechos ciudadanos. Una historia en tres niveles narrativos. Tres planos que se suceden al mismo tiempo y que el lector ve como transparencias que al superponerse unas con otras nos dejan ver el dibujo. Entre esas novelas comienza a escribir dos de los tres libros que conforman su trilogía autobiográfica: Infancia (2000) y Juventud (2002). Ambas escritas en tercera persona y en presente continuo, donde se habla de un niño y de un joven llamado John. Si el tono de Dusklands se asemeja al de un gato joven y juguetón, en las siguientes novelas parece un gato viejo que ya sabe los escondrijos del idioma y que espera paciente para darle caza a la palabra exacta y con ella a la historia. Entre la escritura de Infancia y Juventud, aparece El Maestro de Petersburgo (2001), un retrato de Dostoievski ante la paternidad: un encuentro a destiempo con el hijo adoptivo. Una de sus novelas más complejas y hermosas.

Verano (2009), el es final de su trilogía. A diferencia de los dos primeros tomos, en este un joven biógrafo inglés indaga por la vida de un escritor muerto: John Coetzee y pregunta a las personas que estuvieron cercanas a ese hombre, sus mujeres, su familia, sus amigos, hurga en los diarios íntimos y construye un perfil al que cualquiera quisiera acceder en vida: qué dicen nuestros semejantes de nosotros después de muerto, el asomo final, asomo nada más, de una certeza sobre nosotros mismos a través de los otros como una ficción, como el mismo escritor y los entrevistados, como Sophie, una de los personajes de Verano:

En general, yo diría que su obra carece de ambición. El control de los elementos es demasiado férreo. En ningún momento se tiene la sensación de un escritor que deforma su medio para decir lo que nunca se ha hecho antes, que, a mi modo de ver, es lo que distingue a la gran literatura. Demasiado frío, demasiado pulcro, diría yo. Demasiado fácil. Demasiado falto de pasión. Eso es todo.

Es el cierre de la trilogía, la burla íntima, en un intento por poner en orden su mundo privado, único espacio donde puede ser dueño soberano de su mirada. Atrás ha quedado la risa del otro que ya no importa, como no le importó a Rembrandt cuando se autorretrata subiéndole las enaguas a Saskia y levantando la copa: es la felicidad del trabajo creativo hasta el final.


viernes 23 de diciembre de 2011

El supremo camino de la lectura

Por: Ricardo Vergara Chávez, escritor y promotor de lectura, invitado a las Rondas de lectores en Caracolicito.

Hay aconteceres donde lo supremo agencia las fuerzas de lo vital. Hechos como festejos disidentes de lo común. Uno los vive y siente, los paladea y asume irrenunciablemente. No son recurrentes pero se dan. Y cuando suceden, la evasión no cabe; pues nos invaden como tonificantes que amainan la dureza de la cotidianidad, que con tantos sedimentos, la mayoría de la veces se torna pesada y obstaculiza a quienes trabajan o acometen acciones en procura del bien general.

De ello, lo supremo, debiéramos nutrirnos y airearnos, cosa de acopiar otras presencias, algo que nos ayude a direccionar de mejor manera el rumbo y no quedarnos entre la congoja de los que se quejan de la vida y sus afectaciones. Sería bueno que esto aconteciera y que nuestro hacer estuviese asistido siempre, no tímidamente, si no total, por aquello que enaltece, y así cuando elevemos plegarías a los sueños, conversemos con las cosas que nos lo permiten. Esto intento cuando converso con el ritmo del caracolí del Cesar, ese proyecto que, con amor hacia un pueblo, el gobierno, con la asistencia y devota entrega de Mónica Morón Cote, Carlos Guevara Támara -Gran Señor- Eliana Villarroel, Benjamín Casadiego y la eficiente presencia de instructores, bibliotecarios, forjadores de lectura y escritores, viene ejecutando, procurando lo trascendente.

Ahora mientras paladeo en él, tan igual a cuando saboreo los dulces del Caribe, e imagino las techumbres bajo las cuales se cobijan los seres que tienen la virtud de transformar las cosas, derivo en elucubraciones que me conducen a insinuar lo significativo que sería para el Gobierno y la paz de la nación, tomar como modelo, de entre los proyectos que en el país se ejecutan, este del Caracolí del Cesar, donde la comunidad toda participa, tarareando casi siempre de satisfacción en cada jornada, tal si vertieran en ello la vida o ésta fuese alegría consumada rezumando toda vez.

No es de otra manera, simplemente es así. Uno que ha tenido la suerte de asomarse a su esencialidad y a la correspondencia que guarda con la comunidad educativa, población objeto del proyecto, apenas habla de lo que alcanza a percibir; pues el zumun de éste, no son las palabras, en ocasiones emotivas, son los hechos allí latiendo, tocando al ser en su cosmogonía.

Registros van quedando de cada acción, y cada hecho atestigua lo grande del árbol y sus ramas. En Caracolicito, por ejemplo, pareciera haberse alcanzado toda altura, pues nadie pudo sustraerse del acontecer de un día lleno de fiesta, con esa multitud convergente de seres, en ejercicio de la búsqueda del conocimiento. Ahí autoridades civiles, militares, educadores, escritores, bibliotecarios, estudiantes, coordinadores y demás, se conjugaron en una especie de sinfonía de la cual aún me llega el eco.

De cuanto se puede argumentar, a más de la lectura, eje esencial del proyecto, está la correspondencia de éste con las preocupaciones de la comunidad: su historia, los caminos y viajes emprendidos en procura de una mejor existencia, la búsqueda del saber, sus orígenes y vínculos con lo propio, sin violentar nada, más bien, sumando todo en una gran complementariedad que enriquece. Así lo he sentido y presenciado en la indagación, los procederes, las formas de buscar, propiciar los nexos de la comunidad con su entorno, el mundo contemporáneo y sus hemisferios. En ese actuar, los lenguajes en su multiplicidad, afinan y surten la expresividad, en una convivencia qué se torna celebración.

Reconocerlo es digno, porque ello patentiza lo que se puede lograr cuando se trabaja con amor y disciplina, ya sea en lo individual o colectivo.

Cómo evitar que la emotividad y la alegría nos inunden cuando algo es bello y ese algo te afecta candorosamente. Yo no lo evito, por el contrario me sumerjo en ello, cuando recuerdo, no sólo la bienvenida brindada a quienes estuvimos en Caracolicito, si no también la presencia latente de la comunidad y específicamente de los niños, naturaleza básica y sustentadora de un proyecto que no excluye, ni siquiera al enfatizar en su filosofía.

Puede uno ahondar en detalles, dado que existen. Pero de sólo ver el fragor y denuedo de los niños en el viaje imponderable de la lectura, consigue vislumbrar lo que trasciende y se torna transferible a la sociedad. ¿Cómo se logra alcanzar altos niveles de lectura? se pregunta uno y la respuesta la encuentra en los años vertidos en esta función. No hemos de extrañar entonces que de 21 niños que compartieron con quien escribe esta nota, el 98% demuestre su tendencia a la hacia la lectura.

Gozo siente uno cuando indaga en ellos y encuentra que, dan razones de múltiples autores. En lo particular destaco la dicha que me causó encontrar en sus indagaciones, además de autores de literatura infantil, entre comillas, hallar algunos como: Fiódor Dostoyevski, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Horacio Quiroga, William Shakespeare, Albert Camus, entre muchos, incluidos los de acá, los del terruño.

A este proyecto, que hunde sus raíces en otro tiempo y que asoma vigoroso en el ahora, y a los artífices de la dinámica del mismo, rica en logros y realizaciones, los premiaran los futuros profesionales del Cesar que se cuecen en los núcleos formativos de cada nodo, donde tienen ocasión las semillas que se aprestan a germinar.

Para ellos y los beneficiarios un abrazo en esta navidad que comienza y el deseo de un buen camino en el futuro.


Fotografías: Benjamín Casadiego 2011

Ronda lectora en las entrañas y esencias de Caracolicito

Por: Ignacio Verbel Vergara*

Caracolicito y caracolito son palabras hermanas. La primera nos asalta bellamente con olores a corteza, a flores, a hojas que palpitan verdor y frescura. La segunda huele a marisma, a arena de río y de arroyo, de mar y ciénaga. Con caracolicitos se hacen canoas, mesas, sillas, mórbidos lechos. Con caracolitos se fabrican collares, hermosos ornamentos, audífonos que nos remitan a los sonidos de milenios pasados. Los caracolicitos( anacardium excelsum) dan sombra y hermosean el paisaje. Los caracolitos ponen un toque mágico en la arena. Los caracolicitos crecen más lozanos y alegres a orillas de las corrientes fluviales. Los caracolitos abundan en las arenas de todos los colores y matices.

Caracolito y caracolito, palabras untadas de ritmo, de emoción y de poesía. La primera está asociada a mi vida, desde mi infancia. La segunda empecé a escucharla más tarde y me pareció maravillosa. En Caracol, un humilde pueblo a orillas del Arroyo Pichilín nací, pero todos sus habitantes, por amor le dicen Caracolito. A orillas de Caracolicito pasé por primera vez a inicio de los ochenta siendo un púber que ansiaba llegar a la adolescencia. Los algodonales con su albura majestuosa acariciaban mis ojos y los cantos vallenatos se elevaban de la tierra como eufónicas espirales. Pero este 5 de Noviembre de 2011, por fin puedo llegar a Caracolicito con los escritores invitados a esta ronda lectora, con promotores de lectura, directivos y activistas de diversa índole de la Corporación Bibliotecas Públicas del Cesar. En la entrada al pueblo esplenden vitales matas de ahuyama, por algún lado cantan canarios y azulejos, ladra festivo un perro, una gallina y sus pollitos orillan la calle mientras van rebuscando granitos, cantan los gallos, un asno rebuzna sosegado.

A dos cuadras de la entrada, niños de ojos alegres y bondadosos nos hacen una calle de honor. En las puertas de las casas y por las ventanas entreabiertas se asoman rostros sonrientes. Los saludamos y nos contestan complacidos. Todos saben que hoy es día de fiesta en Caracolicito. Hoy, la lectura y la escritura tienen la palabra. Pero no es un evento cerrado. Es un evento que todos los habitantes saludan y del que se sienten partícipes. Avanzamos. El maestro Carlos Guevara nos va contando anécdotas y nos hace relación del paisaje que hay del otro lado del pueblo. Llegamos a la sede de la praxis lectora y escritora de la fecha. El Rector de la institución educativa que nos acoge y los profesores navegan en una atmósfera de fraternidad y en ella nos introducen. Nos hacen sentir como si fuéramos hijos del pueblo que hemos regresado después de varios lustros de ausencia y a los que todos quieren complacer, abrazar, saludar.

De súbito es el desayuno abundante y saludable bajo unos árboles coposos mientras una banda de música toca en el fondo, para amenizarnos el condumio. Varios colibríes llegan y besan con presteza algunas flores que brillan en las ramas intermedias de los árboles que nos abrigan. Más allá, mariposas de todos los colores gravitan sobre las flores tiernas de las matas de candia y de frisol.

Después de ese jolgorio, viene el jolgorio esencial que nos ha traído aquí. La ronda de lectura y de escritura. Me premian con un grupo de 17 personas, que proceden de El Copey, Astrea, Chimichagua y Caracolicito. 6 tienen 14 años. 6 son de 15 años y además hay 1 de 13. 1 de 11. 1 de 16. 1 de 41. 1 de 50. Sus niveles académicos van del 6o grado al 10º.

Después de una cálida autopresentación de cada uno de quienes formamos el grupo, intentamos responder a tres preguntas:

a. ¿Para qué leer?

b. ¿En qué medida la lectura ha cambiado mi vida?

c. ¿Por qué quienes leen son más ricos intelectual y espiritualmente que quienes no lo hacen?

El cúmulo de respuestas que salen a relucir, son interesantes, variadas, evidencian el ejercicio lector en que muchos de ellos están imbuidos. Entre ellas: “Leo para ser mejor persona y mejor ciudadano”. “Leo para jamás ser esclavo de nada ni de nadie y para fabricarme una armadura que me proteja de la ignorancia y la estupidez”. “La lectura ha cambiado mi vida porque desde que la practico ya no soy tan triste y puedo comprender mejor a mis amigos y seres queridos”. “La lectura cambió mi vida porque a través de ella no tengo tiempo para aburrirme ni para pensar en cosas sin importancia, además yo mismo, sin ser vanidoso, me creo más importante y útil para mi familia y mi patria”. “Quienes leemos somos más ricos en lo intelectual porque los textos a los que nos acercamos, acrecientan nuestros conocimientos sobre la vida, sobre Dios y el hombre, sobre la ciencia y cómo solucionar los problemas y somos ricos en lo espiritual porque nos volvemos mejores personas, capaces de ver lo valioso que es cada ser, cada acto bueno”.

Después les propongo varios textos para leer en la fecha, pero además les hablo de la importancia de conocer a los narradores y poetas más destacados del Caribe, sin que ello signifique descuidar o ignorar a los de otras latitudes. Acordamos leer textos del gran José Félix Fuenmayor ( narrador, - con Ramón Vinyes, alma del Grupo de Barranquilla al que perteneció Gabriel García Márquez-, poeta, periodista) y del maestro Héctor Rojas Herazo (poeta, narrador, pintor, periodista, ensayista, conversador insigne).

Iniciamos con el cuento Muerte en la calle de José Félix. Lo leemos, lo comentamos, hacemos un parangón entre la realidad, la época y el espacio descritos por el escritor y la realidad, la época y el espacio fundamental de cada uno de los integrantes del grupo. Se establecen semejanzas, diferencias, se intenta explicar cómo un tema tan aparentemente trivial le sirvió al autor para crear una obra de esa naturaleza. Se establecen las principales características positivas del texto, que según los participantes son: lenguaje sencillo y gracioso, pero cuidado y preciso; utilización afortunada de un personaje sin mayor importancia social para delinear varios estratos sociales, costumbres, valores y disvalores, creación perfecta del personaje y de su psicología. Algunos chicos mencionan a personajes similares que existieron o existen en sus municipios.


De Héctor Rojas Herazo leemos en voz alta y por turnos voluntarios, primero los tres siguientes poemas:

¿QUÉ SOMOS?

¿Qué somos?

Este poco de mar, estos crustáceos,

estas islas de fosfato que llevamos dormidas.

Somos también, estas pedrezuelas impasibles

y ese niño que atesora un naufragio en su memoria.

De aquí somos y esto somos.

Lo demás es tristeza, ruido de nadie, mundo.

Levantamos, en cada respirar, en cada poro nuestro,

un poco de estos grumos,

de estas chozas con vientres olorosos a fiebre.

Miramos un camino con un hombre cantando,

extendemos los ojos,

vemos un árbol, ¡un árbol solamente en la playa insaciable!

Y más allá los barcos, el mar de olas eternas.

Nos sentimos totales, furiosamente solos.

Solos como si nada nos doliese en la frente.

Somos de aquí, de este orbe rumoroso,

de esta arena con olas y naranjas,

de este diario morir frente a la sal,

de este podrirse con caracoles y totumos,

de estas paredes rotas,

de estos trozos de esquifes

que siguen navegando por las calles.

De este patio enlutado donde ronda la abuela,

donde mataron una casa

y aventaron sus puertas, su quicio y sus ventanas.

Esto somos no más: mar que se pudre

que camina y se pudre con nosotros.

LOS CORCELES DE ESPUMA

El caballo corre, el caballo vuela.

El caballo grande que patea las camas.

El caballo de las ardientes crines de harina.

El caballo que ríe a grandes carcajadas tras los escaparates.

El caballo que destroza los árboles con furiosos mordiscos.

El caballo que tiene clavos y serruchos en la cola.

El caballo que tiene dos fogones en la frente.

El día es un colosal caballo que relincha encendido.

Cada uno de nosotros es pelo de caballo.

La música de su relincho en los pozos dormidos.

¡Ah, el gran caballo en su verde establo de salitre!

Pateando nuestras vísceras y diciendo furioso:

“Tu cráneo es yerba mía,

dame la roja espiga de tus dedos,

la cáscara de tus uñas,

la cebada que maduran tus miembros”.

¡Oh, gran caballo solo, sin rumbo entre las olas!

AGONÍA DEL SOLDADO

Esto pedimos, esto no más:

Un niño

viendo pasar el aire dulcemente.

una mujer, un surco y una flauta.

Un pan bajo la lámpara.

El saludo de un amigo, su risa fatigada.

El llanto por un muerto.

La sombra de la casa y un camino

para llegar, para soñar con todos.

Esto pedimos, recuérdalo, esto sólo.

Más tarde leemos del mismo autor El hombre se recuenta como un cuento y Sentencia. Fue importante constatar que los participantes en su mayoría saben que es diferente leer sónicamente un poema que una narración y tres de ellos hacen modulaciones bastante aproximadas a las que se requieren para la recitación o la declamación. De cada poema, los muchachos y adultos hacen interpretación, emiten juicios sobre su intencionalidad, sobre los mundos y vivencias que reflejan. Realizan paralelos entre las imágenes usadas en la lírica y las propias de la narrativa. Es muy productivo el paralelo que efectúan sobre la manera en que se cuentan las acciones y en que se tejen los escenarios en la una y en la otra. Además, sobre las sensaciones que una y otra provocan en el lector y el lenguaje y el ritmo que usan.

Les propongo el ejercicio de crear cada quien un texto a partir de la pregunta ¿Qué somos? , que sirve de título a uno de los poemas de Héctor Rojas Herazo. La mayoría se aplica con voluntad al trabajo y surgen multiplicidad de textos. A continuación, una muestra:

Somos

agua clara y borrosa al tiempo.

Somos cielo nublado y estrella interminable.

Aire libre y tren apresurado somos.

Somos frutos descarnados por el calor

y también agua quieta.

(Angie Paola Payares Miranda)

***

Somos

avalancha de sueños

desbordando la mar.

Somos

un único sentir de gozos,

elocuentes parlanchines en pos de la felicidad.

Somos

tesoro de oro puro

sin saber de quilates.

(Julio C Serna, El Copey)

***

Somos

senderos interminables,

estatuas inmóviles

perdidas entre la avaricia, la envidia y la pobreza.

Somos seres llenos de remordimiento

que buscan una pequeña luz en medio de la oscuridad.

Somos buscadores de perdón,

buscadores de salvación.

Pero somos más que nada oscuridad

y parece que no hay marcha atrás.

(Ferneiris Rodríguez Campo, Astrea)

***

Somos

turpiales que cantan tristes

y que lloran metidos en las jaulas.

Somos

como dijo Carlos Vives, la tierra del olvido.

Somos esclavos del pasado, noche sin estrellas,

sin luna ni luceros.

Somos brisa que pasa suave al mediodía,

pero ante todo somos empedernidos soñadores.

(Alexander Vega, El Copey)

***

Somos caminantes que van en busca de un horizonte

y se entrelazan entre la alegría y el miedo.

Pero las ganas de querer llegar

supera el temor de no llegar.

(Yuranis Paola Rubio Puello, Astrea)

A las 12 y 20 pm, varios chicos que vieron entre los textos que exhibí sobre el piso del salón en que trabajamos, mi poemario Tiempo sin Tiempo, me solicitaron que les brindara un pequeño recital. Julio Cesar Serna, quien también es poeta y editor, así como Alexander Vega Jiménez, quien ya ha publicado dos poemarios, también insistieron en ello. Así que culminamos esa primera parte con varios de mis poemas. Pasamos al patio, nos situamos bajo unos palos de mango pródigos en sombra y frescor, a esperar el almuerzo.

Posteriori al almuerzo, los chicos y adultos del grupo nombran los libros leídos durante este año. Y , son: Cien años de soledad, Azul (Rubén Darío), ¿Por quién doblan las campanas? (Ernest Hemingway), Antología Poética de Eladio Mendoza, Isabel viendo llover en Macondo (GGM), La sirena de agua dulce (Triunfo Arciniegas), El terror de 6º B (Yolanda Reyes), El verdadero cuento del gato con botas, Lazarillo de Tormes, Crónica de una muerte anunciada, Vivir para contarla (GGM), Cuentos de la selva(Horacio Quiroga), La hojarasca (GGM), El viejo y el mar (Ernest Hemingway), Juan Salvador Gaviota (Richard Bach), El Principito (Antoine du Saint Exupery) , La Metamorfosis (Franz Kafka), El Mío Cid, La Biblia, Antología de poetas y narradores del Cesar, Viaje al centro de la tierra (Julio Verne), Un capitán de 15 años (Julio Verne)Antología de cuentos (Horacio Quiroga), Otras latitudes (Germán Lajud), El gato negro (Edgar Allan Poe), Tengo piojos, Clara la flacuchenta, Óyeme con los ojos, Todos los cuentos (GGM). Cuentos (Maupassant), El Popol Vuh, Una rosa para Emily (William Faulkner), Tabaré (Zorrilla), Antología Poética ( José Asunción Silva), Poesía Piedracielista, 17 fábulas del rey León, Antología (Julio Cortázar), Los siete instantes de Sara, Isla Negra (Pablo Neruda)Primer día en un planeta extraño (Jan Llaccarino).

Es notable comprobar que la mayor parte de estos lectores acuden a clásicos como Poe, Maupassant, Cortázar, García Márquez, Faulkner, Julio Verne, Pablo Neruda, Silva, Rubén Darío, du Saint Exupery, Horacio Quiroga y Kafka. También llama mucho la atención que son lectores que no se circunscriben a lo narrativo sino que exploran también textos líricos. Disfrutan tanto de los relatos de aventuras como de los textos que demarcan lo íntimo y subjetivo. Gustan de lo mágico y maravilloso, pero también de los universos de lo misterioso y de lo absurdo. No se cierran a los autores de textos juveniles, pero prefieren las obras de autores de gran prestigio y genialidad que han urdido y consagrado personajes y hechos que han pasado a ser paradigmáticos.

Cuando se les pregunta ¿qué ocurre cuando ellos llevan libros a sus cosas?, ¿qué dicen o hacen los padres y demás familiares ante ese suceso?, responden en su gran mayoría que comparten la lectura de ellos con los familiares, aunque hay algunos que cuentan indiferencia de la gente de sus hogares respectivos. Aparecen testimonios como los que siguen:

“Cuando llevo libros a mi casa, se los leo a mis hermanos, ellos se los gozan, a veces mi mamá también escucha”. (Karelis Castro, El Copey)

“Llevo los libros a casa, pero nadie se interesa por ellos aparte de mí.” (Ferneiris Rodríguez, Astrea).

“Mi hermano también aprovecha leer los libros que llevo a la casa y a veces los comentamos entre los dos”. (Iván Mendoza Martínez, El Copey)

“Yo leo los libros con mis hermanos y entre todos los comentamos” (Carlos Cantillo Salcedo, El Copey)

“En mi casa todos leen: mamá, papá, mis hermanos y primos. (Josué Arias Pacheco, Chimichagua)

“Yo no llevo libros a mi casa, pero los que leo por fuera los comento con mi madre. Yo le cuento a ella lo que pasa en el libro que me leí y entre los dos sacamos lo bueno de lo que leí” (Agustín Martínez, Chimichagua)

“Libro que llevo a la casa, libro que también leen mi hermana y una prima. Después nos pasamos horas analizando lo que hemos leído.” (Angie Payares, Astrea.)

“Si llevo un libro a la casa, ya sé que tengo que prestárselo a mis hermanos menores y contestar las preguntas que mis padres me hacen acerca del sentido del libro.” (Iván Rivera, Chimichagua.)

“Llevar un libro a casa es siempre bueno: lo comparto con una prima y con mis padres y después hablamos entre todos sobre él.” (Fabio Capera Cárdenas, Chimichagua.)

“Bueno, mis padres están pendientes de la clase de libros que leo. Un día me regañaron porque llevé uno que tenía un dibujo sensual en la portada, ellos creían que era sobre cosas inmorales, pero cuando les leí varios párrafos se dieran cuenta que no era lo que habían imaginado.” (Luz Mery Mejía Clavijo, Caracolicito.)

“En mi casa, cuando llevo un libro, los leemos todos los de la familia. Y no nos quedamos en la simple lectura, todos hablamos de lo que hemos leído y cómo nos pareció”. (D’Angela Sotomayor, Caracolicito.)

Cae la tarde con efluvios de rosas y de cánticos. Vamos a la plaza del pueblo donde se han reunido la mayor parte de los habitantes y casi todos quienes estuvimos en la ronda de lectura y de creación literaria. Se ofrece una obra teatral en honor de los visitantes. Los artistas son muchachos del pueblo, gran parte de ellos vinculados a los grupos lectores. En alguna casa cercana, alguien destaza tomates y los echa sobre trozos humeantes de carne que se guisan. Una rolliza cerda trisca la hierba joven que verdea a orillas de la iglesia. Chiquillos semidesnudos corretean en las calles cercanas. Bartolomé y Lajud sonríen satisfechos. Mónica suspira hondo y feliz. Eliana siente que se llega al fin de todo un año surcado de realizaciones. Benjamín toma fotos sin cesar. Orlanda no se queda atrás en ese menester. Sopla una brisa olorosa a grosellas y a agua pura.

Al filo de la tarde: Hasta pronto, chicos de Astrea, de El Copey, de Chimichagua. Feliz viaje, muchachos, van cargados de sueños, de voces diversas, de personajes inmortales, de versos, de canciones, de fraternidad. Huelen ustedes a libro, muchachos, huelen a páginas sublimes de la literatura universal y nacional.

Cuando salimos del poblado, noto dos gigantescas flores amarillas que sobresalen de la mata de ahuyama, no hay canto de azulejos ni de canarios, pero sí de gallinas que presienten el acabóse del día y la irrupción de la noche; un perro de ojos dulces juega con un niño, en algunos patios lucen tiestos llenos de azucenas y jazmines, gigantescas nubes blancas con formas de osos y de animales mitológicos adornan el cielo y voy pensando en la sencillez, la alegría y la amabilidad de la gente de Caracolicito, nombre que suena parecido a caracolito y percibo aromas de campo y de marisma, de lozanía y de arena, de verdes hojas y de pétrea y vistosa concha dextrógira o levógira.

Arranca el bus que nos devolverá a Valledupar. Los niños lectores de Caracolicito se quedan, pletóricos de alegría. Este día de fiesta de la inteligencia no lo olvidarán jamás. Tampoco los demás habitantes del poblado en el que después de la ronda de lectura de hoy, runrunean con mayor ímpetu los espíritus de Moby Dick, Sancho Panza, Don Quijote, Gregory Samsa, Remedios la bella, el capitán Nemo, Santiago Nasar, la Bella Durmiente, Alí Babá y sus cuarenta ladrones, los personajes de Fuenmayor, la esencia de la poética de Héctor Rojas Herazo. Tantos y tantos retazos, moléculas y cuerpos surgidos de la inventiva de los más connotados cerebros de la literatura de todos los tiempos.

Alburas de Diciembre de 2011.

*Ignacio Verbel Vergara es narrador, poeta, ensayista y promotor de lectura. Autor de los libros: Y aún el amor (Poemario), Latido y lumbre (Poemario), A pesar del paraíso (Poemario) Los años de Noemí (Novela), Antología de Cuentistas Sucreños y Tiempo sin Tiempo (Poemario)

Fotografías: Benjamín Casadiego 2011

Palabras… Pa-labrar…Palabras…


Por: Fernando Hoyos Salazar, promotor de lectura, invitado a las
Rondas de lectores en Caracolicito

“En las palabras me pierdo,

en las palabras me encuentro”

Thiago de Mello


“Pueblo con tus calles encantadas / sabes que tú has sido mi ilusión
cantaremos… gritaremos /Copey tu eres el mejor” Este fue el coro del Himno de Copey, cantado a todo pulmón por una tropilla de lectores (invadidos por la más bella alegría) los mismos niños y niñas que minutos antes nos esperaban a todos los invitados de la fiesta de la lectura y la escritura, haciendo una calle de honor con banderas en las manos a la entrada de Caracolicito.

Después de los himnos, las palabras de bienvenida, el ramo de flores para la mujer que orienta esta “fiesta de la cultura”, la pólvora que avisaba de la última ronda de Caracolí del Cesar, en el patio del colegio anfitrión José Agustín Mackencie, esperábamos el llamado que propiciaba el encuentro de promotores de lectura y escritores con los niños y niñas venidos de sonoros destinos: Astrea, Chimichagua, Copey, El Paso, Bosconia y por supuesto Caracolicito.

“Estamos tejidos por los secretos susurros de las palabras”…así iniciamos el taller con la grata compañía de mi bella Mariela (atenta al más mínimo detalle), iniciamos con la permanente invitación a extrañarnos de la realidad, a bordear los terrenos de la fantasía a través de la exploración de las palabras, entre inspirar y expirar se gestan las voces que nos permiten entrar en el misterio y el esplendor, adentrarnos en las palabras nombradas, cantadas, tatuadas en el papel…leer y escribir, para explorar nuestro propio interior, para buscar adentro lo que no sabíamos que éramos…el tesoro de las palabras que crean universos.

Después de los conjuros y los sortilegios pasamos a leer los enrevesados trazos de los logografismos, para deslizarnos luego a las bichonanzas y adiviplantas, pasamos a descifrar en el acto, esta última adivinanza “llanura blanca con flores negras y cinco bueyes aran en ella” (arutircse) y entonces, escribimos nuestra biografías fantásticas a partir del pre-texto de nuestro Neonimo (nombre fantástico escrito al revés) y de la descripción de los lugares que habitaban estos personajes, comenzamos a adentrarnos en el mundo fantástico a través de los libros Zoom (Istvan Banyai) e Imagina un día (Rob Gonsalves)… he aquí, algunos escritos resultantes de este ejercicio de escritura creativa.

“Inin Anahoj Anedac Setnavrec: Guerrera gritando frente al mar con voz de gitana. Vive en un paraíso envidiado de todo el mundo; Gitana que ve mas allá que nosotros, Guerrera china peleando al frente de su palacio con soldados enemigos.

La guerrera jamás suelta un bate que tiene para defenderse, ese bate tiene poderes mágicos, por ejemplo: los secretos de su vida y un magnifico poder para mandar.

Tiempo después los súbditos se dieron cuenta que ella mandaba con su bate mágico, entonces ellos la mataron, descuidada ella se fue al infierno por su maldad instantáneamente.”

Nini Johana Cadena Cervantes.

“Había una vez un hombre llamado Esoj Divad Ollitnac ed al zurc, quien vivía en una casa muy grande, vivía solo no tenía ningún amigo.

Pero un día se decidió salir de su casa para conocer el mundo, cuando salió se encontró con un grupo de personas, las personas le preguntaron qué le gustaba más, él dijo que conocer el mundo. Un hombre le dijo que él también quería conocer el mundo pero no tenía dinero. Pero ellos dos comenzaron a trabajar en la casa de un hombre rico durante muchos años.

Un día salió un concurso de los nombres más extraños y él se escribió, Esoj Divad Ollitnac ed al zurc, y él fue el ganador y se ganó mucho dinero y pudo viajar con su amigo para conocer el mundo.”

José David cantillo de la Cruz.

“Había una vez una niña que le gustaba el idioma de su nombre Aerdna Ecnay Sevahc y se encontró a un profesor y le dijo el idioma de su nombre y se lo dijo rapidito Aerdna Ecnay Sevahc y ella tenía muchos poderes, era como una guerrera luchadora y peliaba frente al mar y dijo el nombre y apareció la diosa guerrera anciana.”

Andrea Melisa Yance Chaves

Este viaje por las palabras lo saben disfrutar los niños y niñas, a la manera de un colibrí en su primer día de vuelo, escribir desde adentro para crearnos en las palabras, convocar esa extraña fuerza de las palabras en nuestras vidas, algo especial acontece en la escritura, en esa visión de mundo que solo sabe la infancia, escuchar el vientre de las palabras, digámoslo con las palabras del maestro José Manuel Arango: “El poema está hecho no solo de enunciados, de afirmaciones y negaciones, sino de los verbos y sustantivos de una lengua que tiene su historia, de palabras que por sus sonoridades y cadencias despiertan ecos y asociaciones, está hecho de imágenes y de ritmos, de rupturas y de silencios”. Las palabras del poeta nombran ese misterio, aquello que intentamos bordear en el taller de Palabras…Pa-labrar…Palabras.

Antes del almuerzo, salimos al patio debajo de la sombra de un frondoso árbol, para jugar a unirnos en un tejido de palabras ciegas, anudándonos entre manos y palabras que se encuentran de improviso en la página de algún libro añorado.

Ya en la tarde, hablamos de los libros leídos en las diferentes bibliotecas públicas de sus municipios y, como una manera de ritualizar este encuentro, de sellar esta conversación, nos animamos a escribir una carta a la biblioteca o al libro preferido, construyendo así puentes entre estos poderosos espacios y cada uno de nosotros …sus lectores.

Finalmente, compartimos las cartas escritas, luego para despedirnos leímos el hermoso cuento de la Oveja Selma (Jutta Bauer), quien nos enseña lo esencial para ser felices, actuando conforme lo que dicta, lo que brota del corazón…..compartimos dos cartas felices, para rememorar, “para volver a pasar por el corazón” en el secreto susurro que las palabras guardan para nosotros, sus amados palabreantes….los queridos lectores de Caracolí del Cesar.

Señor Libro

Cuentos de la Selva

Le doy las gracias por este hermoso libro Cuentos de la selva, porque tiene una forma diferente de enseñarme la protección de la naturaleza, de los animales y todas las especies.

Le agradezco a Horacio Quiroga por haber escrito estos cuentos y lo felicito por que fue algo inspirador para muchas personas y que despertó su esencia ecológica y de protección de la naturaleza.

María José Pumarejo de Leon.

Otra carta, esta vez para la biblioteca, un texto de agradecimiento a la biblioteca pública, una verdadera acción de gracias para este paraíso de las palabras.

Saludos a la biblioteca.

Querida y recordada biblioteca, tú que eres quien me faculta, mi aprendizaje, te dirijo esta hermosa y humilde carta, para recordarte que estoy muy orgulloso de usted.

Tu sencillez y tranquilidad, me lleva a tenerte un respeto tal como el de una ardilla a su árbol o una hormiga a su hormiguero.

Te doy y te daré muy sinceras y gratas gracias.

Gracias Biblioteca por ser mi lucero en las horas de oscuridad.

Filippo Casadiego.

Para finalizar deseo agradecer de manera especial a Mónica Morón y a su excelente equipo de trabajo por tan valiosa cruzada en favor de la lectura y la escritura desde la Red de Bibliotecas Públicas del Cesar. A todos y todas las personas que hacen parte de esta inolvidable experiencia de las Rondas Literarias de Caracolí del Cesar, mis más sinceras felicitaciones por tan amoroso y contundente programa de formación de lectores en la tierra de las palabras que cantan.

¡MIL FELICITACIONES CARACOLI DEL CESAR!



Fotografías: Benjamín Casadiego 2011

martes 13 de diciembre de 2011

Letras, números y hallazgos en Caracolicito

Por: Edgardo Támara G, historiador invitado a las Rondas de lectores en Caracolicito


PROCESO

Llegamos al pueblo de Caracolicito y sentimos la bella impresión de que éramos especiales y formábamos con ellos, niños, jóvenes, docentes y padres, una familia universal de lectores. La calle de honor de los niños fue un acto simbólico que le daba un sentido y valor superlativo a nuestra labor y al mismo tiempo enaltecía la lectura como acción social. Gracias Caracolicito por tu ternura y tu disposición. El Rector del Colegio me impresionó mucho por encarar su liderazgo directamente movilizando a todos los participantes. ¡Felicitaciones!

Finalmente después de todas la ritualizaciones simbólicas que se le dieron al acto me encaminé con mi grupo de muchachos a un salón amplio y limpio donde se propiciaría la liturgia mayor, el acto mágico de leer.

El grupo se componía de 21 jóvenes: uno de 11, uno de 12, 17 de trece años, una de 14 y un joven adulto de 23, quien no participó de la indagación. En total, eran 12 varones y 9 mujeres.

Perspectiva de la lectura y animación.

La animación o acompañamiento se hizo desde una visión de la lectura considerada como un acto complejo que parte no solo la selección de textos en el sentido de una garantía de textos con calidad reconocida por pares adultos connotados, sino el acompañamiento ante el acto analítico de leer, una especie de insinuación inmediata de hasta donde se puede “exprimir” un texto. No es muy complicada la idea. Leer es descifrar el código de escritura (grafemas del castellano); es también el entendimiento del texto o sea saber qué sucede y, por último, interpretar o sea darle un sentido a ese entendimiento. La aspiración –objetivo máximo- no se agotaría en el entendimiento placentero de la historia, el placer del texto entendido, sino intentar una exploración de un significado global del texto desde su trama. Hay otros niveles, como una lectura de la estructura narrativa, que es la lectura de un escritor potencial. Esto no es inabordable, pero se ubicó solo como una posibilidad de lectura para un eventual lector interesado o practicante de la escritura. Tampoco implica, para nada, el menosprecio del placer del texto por sí mismo, sino intentar darle un valor agregado que se articulara a la ontología personal del lector. En ese sentido seleccioné textos que retaran el entendimiento placentero, los cuales indique con números, pero también textos más complejos que obligaran o incitaran a la interpretación, los cuales indique con letras. Además agregué dos textos que impresionaran por permitir, de una manera despreocupada, una lectura de escritor, caso del texto “Solo vine a llamar por teléfono” de García Márquez, el cual edité cortándolo en partes, que se pueden leer sumativamente formando historias autónomas completas. Al igual la parte referida a la masacre de las bananeras de Cien años de soledad, muy situado en la región, que constituye un texto independiente.

Para el efecto de una lectura de entendimiento y goce seleccioné crónicas, cuentos, poesías narrativas. Pero además incluí entre ellos textos de filosofía superacionista que generalmente toman la forma de alegorías y un texto de lectura filosófica como es la paradoja, que puede tomar la forma de un cuento corto. En estos últimos casos el texto puede hacerse perfectamente en un nivel de entendimiento pero propicia el paso hacia una lectura de interpretación GLOBAL, NO NECESARIAMENTE MORAL O ÉTICA, como era la moraleja, sino humanística en general, básicamente ontológica.

Después de las presentaciones busqué diferenciar de alguna manera el grupo, entre algunos que se “atrevieran” a adentrarse en textos indicados por letras. ¿A quién le gusta textos misteriosos, un poco enredados pero muy buenos? pregunté. Cuatro jóvenes levantaron la mano. Les entregué textos marcados con letras. A los jóvenes que vi muy pequeños les entregué crónicas y a dos que habían revelado, en su presentación personal, su interés por la composición de vallenatos una crónica de Juan Gossain sobre Alejo Durán. A cada uno se le entregó un texto, en algunos casos iguales al que leía otro joven, a fin de comparar su entendimiento o interpretación. Fue entonces que llegó el joven adulto, y me comunicó que era estudiante de Licenciatura Español y Literatura. Una breve charla me indicó que a él podía interesarle una lectura estructural y le entregue la primera parte de Yo solo vine a llamar por teléfono. Tenía así los 3 niveles de lectura de la perspectiva asumida.

Todos se concentraron en su goce lector. Solo a 2 jóvenes vi con necesidad de estímulo y las asistí con preguntas o cambiándoles el texto propiciador.

Luego de media hora o más de lectura los animé a que en una hoja que les proporcioné me relataran en sus palabras resumidamente el suceso del texto leído. Cuando al menos la mitad había concluido esta labor, invité a los jóvenes que tenían textos indicados por letras a decirme qué le enseñaba el texto, qué habían aprendido para su vida del texto. Me interesaba en particular el resultado de 3 copias del texto Galimatazo (4) de Lewis Carrol, donde, al menos, el 40% del texto son palabras inventadas por el escritor pero que pueden ser resignificadas apropiadamente si se le encuentra una comprensión global o una interpretación. En este caso el entendimiento está ligado a la interpretación y no son posibles independientemente.

Esta fue el resultado del entendimiento, expresado en el resumen hecho en propias palabras.

Comprensión. “Esta historia se basa en un monstruo llamado Galimatazo que se encontraba en el viejo oeste. De pronto un viejo señor le dice a su hijo que se cuide del Galimatazo y de sus dientes, cuando su hijo escucha estas palabras se llena de valor y se va en busca del Galimatazo y ya con mucho de andarlo buscando se sentó bajo la sombra de un árbol y se encuentra con el monstruo de frente con ojos que brotaban fuego, él se enfrenta con el monstruo, lo vence y regresa a casa triunfante”.

La lectura desentraña el contenido básico: Alguien sale a buscar y combatir a un monstruo muy peligroso y lo derrota. Luego vuelve y es aclamado por la gente a quien perjudicaba.

¿Qué te enseña? le pregunté. A ser valiente, respondió el niño.

Me volví sobre el otro participante y le hice la misma pregunta: A mí me enseña que uno debe defender su comunidad. No cabía de gozo pues los dos niños de 11 años no solo entendían el texto sino que sus conclusiones eran sorprendentemente ubicadas. Les entregué otros textos que también leyeron e interpretaron.

Me interesaba la lectura del joven universitario del texto sumativo. Le entregué un tercio del texto hasta donde la protagonista es asumida como una loca más del manicomio. Le oculte que el texto proseguía con dos segmentos más. Conversé con él sobre su impresión del texto. Le había gustado mucho. Entonces le pregunte si creía que si consideraba lo leído como un texto completo. No me entendió. Le pregunté, entonces directamente, si ese texto terminaba allí o le hacía falta otra parte. Asombrado me dijo que sí, que era completo, que podía terminar allí. Le dije, con una sonrisita intrigante en los labios, que no, que el texto tenía una segunda parte. Y se la entregué. Treinta minutos después, le hice la misma pregunta. Y ahora el sonriente fue él. ¿No me diga que hay una tercera parte? No le contesté. Se la traje. Al final del ejercicio estaba maravillado. No era para menos, pues es uno de los textos mejor escritos en la historia de la literatura. Quedó a mandarme sus escritos por Internet.

En general, todos gozaron la lectura. Un caso especial se dio en una joven de 12 años, muy alta y desarrollada para su edad. Tuve que apoyarla varias veces y no entraba en una relación ensimismada con los textos. Al final se quejó de la estrategia de lectura individual adoptada por el resto del grupo. Expuso que creía que iba a jugar y divertirse con los textos. Que ella lo disfrutaba así. Sacó un libro de cuentos, lujoso y muy bien dibujado y colorado, titulado Ulises. Era sobre el semihéroe griego. Propuso leerlo en común. Le pregunte al grupo y este se mostró de acuerdo. Quedé a la expectativa. Acompañada de una amiga comenzaron a leer en voz alta, turnándose, los resúmenes de las páginas dibujadas. Cuando encontraban una palabra o una situación extraña el grupo intervenía aclarando el sentido. Me sumé a la estrategia. Al explicar cómo Ulises es protegido de todas los ataques menos en el talón, escenificamos la escena con el más liviano de los niños. Los adjetivos también fueron teatralizados. Se divertían con las escenificaciones, una especie de teatro de la lectura. Jugamos a entender el texto. Luego intentamos una interpretación con el grupo: Ulises debió proteger su talón. Al fin y al cabo, nuestra civilización usa botas.


LA INDAGACIÓN.

Se formularon 4 preguntas. 1) ¿Saben leer su padre y su madre?; 2) ¿Cuántos libros ha leído este año?; 3) ¿quién lo apoya en sus actividades lectoras? y 4) ¿quién, además de usted, lee los libros que presta en la biblioteca?

Resultados:

1ª. Agregamos esta vez la primera pregunta para intentar hallar una relación entre la capacidad de leer de los padres y su acompañamiento a la lectura. En este caso, no fue posible ninguna inferencia pues la respuesta a la pregunta fue que todos los padres y madres saben leer o sea un valor igual constante.

2ª. A la segunda pregunta las respuestas las ordenamos según los resultados entre los que habían leído más de 8 libros; los lectores entre 5 y 6 libros: los lectores entre 3 y 4 libros: los lectores de 2 libros. Las siguientes son los resultados:

2ª. Cuántos libros ha leído este año?

Categorías

#

Procedencia

Lugar de procedencia

Leen más de 8 libros

2

Procedencia

1 de El Copey y 1 de Caracolicito

Leen entre 5 y 6 libros

5

Procedencia

2 de Astrea; 1 de Caracolicito, 2 de El Copey

Leen entre 3 y 4 libros

8

Procedencia

1 de Bosconia, 3 de Caracolicito y 4 de El Copey

Leen 2 libros

5

Procedencia

1 de Bosconia, 3 de Caracolicito, 1 de El Copey

El grupo presenta un promedio de 4,25 libros por lector. Solo los de Astrea están nítidamente sobre el promedio. Los dos jóvenes de Bosconia están en el más bajo nivel. Los de Caracolicito tienen una cúspide de 2 estudiantes por encima del promedio pero 6 por debajo de él. Sin embargo, para un análisis general tomaríamos que es bueno un resultado de más de 2 libros anuales (promedio 2,2 libros anuales en 2005 (1), 2.0 en 2007 (2) para estudiantes colombianos según Fededesarrollo;), y en este caso la mayoría estaría por encima de ese tope. Por edad, lo más cercano a nuestros resultados es el dato del mismo Censo que nos informa que de los niños menores de 12 años solo el 54,88% leyó libros durante los últimos 12 meses en el 2007. El último reporte (3) para el año 2010 dio 1,8 libros anuales como promedio general de toda la población. Si eso es así podría concluirse que algún factor está haciendo que estos jóvenes estén por encima de esos promedios generales. En este caso los únicos factores podrían estar incidiendo son los impulsos dados por los profesores, los bibliotecarios y las Rondas que como estrategia y política cultural que articulan toda la tarea de docentes y bibliotecarios.

3ª. La pregunta trata de indagar sobre quién está detrás de la actividad lectora del joven. Es decisivo para una actividad institucional de promoción saber cuál es la red que cubre el interés lector, en tanto actividad social.

3ª. Quién lo apoya en sus actividades lectoras?

Padre

Madre

Madre y Padre

Otro

Total

2 (10%)

6 (30%)

9 (45%)

3 (15%)

20

El resultado indica que la incentivación de la lectura es familiar, en tanto los jóvenes perciben que el padre y la madre los impulsan, pero de nuevo se presenta que la madre incide mayormente en la promoción lectora (30% sola y 75% conjuntamente con el padre). Esto coincide con los resultados nacionales e internacionales que indican el gran papel de las madres en el logro de la calidad educativa. La participación de un padre líder en la promoción puede catalogarse como baja al aparecer solo en una proporción tan baja (10%). Quizá esto amerite algún entrenamiento de las madres para hacer más efectivo ese impulso dándole algún entrenamiento o información (folletos) como animadora.

4ª. En esta pregunta se indagaba sobre el área de influencia del libro que sale de la biblioteca. En este caso la respuesta no necesariamente era única, sino que podía incluir otra persona, por ejemplo: leen el libro mi papá y mi abuela; o mi papá y mi mamá, etc. Por eso el número de respuestas no coincide con el número de los participantes que son los mismos 20 jóvenes.

4ª. Quién además de usted lee los libros que presta en la biblioteca?

Padre

Madre

Abuela

Hermano

Prima(o)

Total

5 (20,8%

3 (12,5%)

5 (20,8%)

10 (41,6%)

1

24

Las respuestas indican que los hermanos son los pares más asiduos acompañantes. Esto confirma la idea de que el préstamo amplía el público lector, en este caso, un círculo muy cercano al portador del libro, que quizá pernocta con el lector primario en su propia alcoba. Aparece también acá un actor que no preveíamos, la abuela. Tiene una presencia tan alta como el padre y superior a la de la madre. Podemos pensarla como una mujer que se acerca desde su tiempo libre al mundo de sus nietos y trama con ellos temas de conversación a través de los contenidos de los libros.

Es de resaltar el bajo promedio de la madre, promedio que no se correlaciona con su alta participación como aupadora de la lectura. La conclusión lógica según estos datos es que la madre impulsa pero parece detenerse allí, se torna pasiva. Al contrario el padre, aúpa menos pero es más activo en el acompañamiento lector, se liga más al acto común de compartir los contenidos del libro con el hijo(a). En vía de especulación se podría pensar que la lectura puede estar considerada como una actividad masculina, pero esto tendría que investigarse mucho más.

LA EVALUACIÓN.

Se propuso una evaluación directa a través de un pedacito de papel en los que cada uno de los jóvenes colocara una valoración entre 0 y 10 según cada uno creyera, sin necesidad de firmarlo o identificarse. El “profe” no recogía los papelitos sino otro lector y este me los entregaba como animador.

Los siguientes fueron los resultados: un 2, un 5, un 8,5, tres 9, seis 10, un 20. Como se ve solo participaron 13 muchachos de un total de 21, pues algunos jóvenes habían salido por hacer parte de una obra de teatro y otros actos que se preparaban en la plaza del pueblo.

AUTOEVALUACIÓN.

Creo que he debido llevar más copias del Galimatazo y de textos de ese formato. Este texto induce estrategias de lecturas más complejas y apela a funciones analíticas avanzadas del lenguaje, sin desbordar las condiciones cognitivas del niño. Se podrían incluso intentar que los niños mismos intentarán conjeturar porque pueden leer un texto cuyas palabras no conocen. Y así ser conscientes de vericuetos ocultos de la lectura y de sus estrategias lectoras.

Creo que debí seleccionar más textos históricos de tal manera que la lectura remitiera a la comprensión de nuestro pasado.

Por otro lado, me congratulo de proponerme con estos niños tales situaciones. Aprendí mucho y se lo debo a ellos. Caracolicito ya no eres solo una ficción en un canto, ahora eres un momento de mi alma. Gracias a todos. ¡Feliz Navidad!

(1) Gamboa, Cristina y Reina, Mauricio (2006). Hábitos de lectura y consumo de libros en Colombia. Fedesarollo. Bogotá.

(2) DANE: Primera Encuesta sobre Consumo Cultural en 2007 http://www.mincultura.gov.co/index.php?idcategoria=8246.

(3) http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:P-qXyYvKNzwJ:www.larepublica.co/archivos/TENDENCIAS/2011-04-28/colombianos-leen-en-promedio-18-libros-en-el-ano_127182.php+numero+de+libros+promedio+ leidos+colombia&cd= 3&hl=es&ct=clnk&gl=co

(4) Es un texto fácil de hallar en Internet por su título.

Fotografías: Benjamín Casadiego