Los talleres de creación literaria Caracolí del Cesar son una iniciativa de la Gobernación del Cesar a través de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas. El objetivo de estos talleres semanales es la promoción de la lectura y la circulación de usuarios en las bibliotecas de todos los municipios del departamento. El programa busca el reconocimiento cultural de las diversas regiones a partir de la divulgación de escritores y artistas locales, entendiendo que ese reconocimiento solo es posible desde una mirada a la cultura universal. Para tal fin se ha dividido la región en cuatro nodos: Nodo Centro, Nodo Noroccidental, Nodo Sur y Nodo Norte. Cada uno de estos nodos tiene un coordinador y cada municipio tiene un tallerista que desarrolla actividades de gestión, información y creatividad con niños, jóvenes y adultos. Las bibliotecas municipales son el espacio donde se realizan estos encuentros y sus bibliotecarias son la mano derecha de los talleristas para alcanzar las metas. La dirección general de estos nodos está centrada en la Biblioteca Pública Departamental Rafael Carrillo Lúquez de Valledupar. El programa entiende que un proyecto de lectura es a largo plazo y necesita la participación seria y activa de las instituciones locales, sean éstas públicas o privadas: alcaldías, grupos juveniles, fundaciones, iglesias, juntas de acción comunal, colegios. Este blogg es parte de una estrategia de comunicación y visibilización de las actividades que se realizan en los talleres, aquí se encuentra la producción de los participantes, las metodologías de los talleristas y las reflexiones que se generan en la experiencia. El blogg es la punta del iceberg de todo el programa por la promoción de la lectura y la construcción responsable de región.

jueves, 4 de agosto de 2011

Historias de lectores: Beowulf está en las bibliotecas del Cesar



Los aficionados a dragones medievales y monstruos abisales tienen la oportunidad de ver y admirar a dos terribles seres que merodean por estos días las estanterías de las bibliotecas en el Cesar. Allí están esperándonos para darnos el zarpazo. ¿Quién dijo miedo?



Benjamin Casadiego


El tiempo escurrió veloz: junto a los riscos emergía la nave; las olas se agitaban en la orilla; los hombres se posaron en la proa con atavíos y armas.


Beowulf, la cima de la literatura medieval inglesa, es el nombre del guerrero más famoso de la antigüedad sajona que se enfrenta a dos dragones (tres en realidad si contamos a la mamá del primero), salvando a sus pueblos de la desolación que estos monstruos causaban con solo moverse: eran tan grandes y feos que mataban con solo mirar, pero además se comían a sus víctimas para que no quedaran dudas. En la primera parte, el héroe se enfrenta en las profundidades de un lago, en su misma guarida, a una sierpe que viene acabando con el reino de Dinamarca y de paso derrota a la madre de éste que enfierecida sale del lago a vengar la muerte de su hijo. En la segunda parte, ya Beowulf convertido en rey y venerado por su pueblo, debe enfrentarse a otro dragón que es despertado de su tranquila y secreta afición: atesorar y custodiar fabulosos tesoros. En ambos combates el héroe se enfrenta solitario al monstruo ante la mirada despavorida de sus guerreros que huyen de la escena de manera vergonzosa; en el combate final, ambos, monstruo y héroe, mueren uno al lado del otro, con lo que se rubrica la esencia del héroe: lucha solitaria y muerte heroica. No se hace esperar, por supuesto, la belleza elegiaca del final con una pira ardiendo con los restos del héroe en la cima de una montaña en un hermoso, pero triste, atardecer de hace 14 siglos. O más.

Hay emociones adjuntas, además de seguir la suerte de nuestro héroe en su lucha contra el mal. Una de ellas es la pregunta por el ser humano que escribió este poema. ¿Quién o quiénes escribieron el Beowulf (el lobo de la abeja en inglés antiguo)? El texto es descubierto en el siglo XI, pero las evidencias remontan si origen al siglo VII. Es decir que en cuatro siglos es posible que muchas personas pudieron haber intervenido en la historia, pero es claro que todo lo inició un ser anónimo, con herramientas culturales y narrativas excepcionales, poseedor de una fina inteligencia para describir escenas, construir metáforas hermosas y convencernos del miedo y la valentía en un momento de la historia humana. Un poeta o scop que hace las veces de memorialista y vaticinador.

Otra emoción está relacionada con el tiempo. A leer el Beowulf uno siente que está en la frontera de un tiempo insondable, en el origen de los mitos, la misma niebla de la narración, el mar, los espacios arquitectónicos, los nombres de los personajes: hay allí una sensación de vértigo que aumenta cuando sabemos, gracias a los estudios que sobre la obra se realizaron durante el siglo XX, que lo narrado allí hace parte de un tiempo que ya pasó y que es una historia que le fue contada al autor y los autores por generaciones anteriores que han tejido un hilo lejano en donde han tratado de configurar su ética, su estética y la idea de comunidad. Estamos pues, ante la suma y culminación de un proceso de oralidad que se remonta hacia la temprana edad media europea. Un proceso que se cierra cuando alguien decide escribirla.



¿Cómo acercarnos al Beowulf? A un libro se entra como se llega a las ciudades: por señas, por recomendaciones, por casualidad, por amor: por una red de historias (de hecho una biblioteca es una red en sí misma). El Beowulf nos ha llegado a algunos desde el bachillerato; por fortuna ahora podemos acceder a él por voces más seductoras. Esa guía está también en las estanterías de las bibliotecas en el Cesar con la nueva colección de este año: es el libro del poeta irlandés Seamus Heaney, premio Nóbel de literatura en 1996, Al buen entendedor, una muy buena colección de ensayos sobre su ejercicio de lector y escritor. Leer su ensayo sobre el Beowulf, y su experiencia como traductor del mismo, nos ubica por la senda perdida. Ese puede ser un buen inicio que recomiendo.

¿Qué buscar cuando leemos el Beowulf? Poder tener ese texto en nuestras manos es un milagro por partida doble: fue salvado de las llamas en el siglo XVIII y rescatado de los especialistas que por décadas encuadraron el texto a una cerrada mirada histórica. El primer rescate se lo debemos a los bomberos de Londres y el segundo a J.R. Tolkien, medievalista, profesor de Oxford y escritor de una saga que los jóvenes y niños de hoy conocen como su helado favorito: El señor de los anillos. En 1936 Tolkien publica un ensayo en donde logra que el mundo intelectual vuelva los ojos al Beowulf: un texto literario, dice el centro de su tesis, puede darnos luces sobre el tiempo histórico, puede ayudarnos a entender un momento en la historia del mundo anglosajón pero no nos olvidemos de la esencia: su condición de texto literario y es desde allí, desde las herramientas literarias como debe ser leído, estudiado, disfrutado. El ensayo pone el dedo en algo que aún uno escucha de la gente cuando se refiere a una buena novela: ¡más que una novela es un ensayo histórico! Queriendo decir que en últimas buscaba el rigor de la verdad que reconstruye momentos del pasado. Los lectores de literatura sabemos que una ficción, por más verdadera que sea, es eso: ficción, y que es la belleza y la urdimbre del lenguaje lo que nos pone a soñar, a pensar en el tiempo y la transitoriedad de la vida:

La vida se desvanece: todo pasa, la luz y la vida a una.

El Beowulf nos pone a pensar en la vida y en la muerte, en nuestra ética como ciudadanos, en nuestros miedos y horrores que ayer y hoy vemos convertidos en esos monstruos que aparecen de vez en cuando en nuestras pesadillas. Pero también nos habla de la tragedia de las guerras, pasadas, presentes y futuras, como cuando la anciana, quizás la madre de Beowulf llora los fríos despojos del guerrero. Nos acerca al miedo de ser invadidos por el otro.

La robusta tradición británica de monstruos es seguida hoy por nuestros jóvenes lectores desde el cine, que es otra forma de leer. Por esas oscuridades vienen los monstruos góticos de El Señor de los anillos, las Crónicas de Narnia y Harry Potter (En cine hay una versión de Beowulf dirigida por Robert Zemeckis, con Angelina Jolie, John Malkovich, Anthony Hopkins). Ya conocemos la maldición: los lectores guerreros que se atrevan a despertar de su sueño a estos monstruos pueden quedar atrapados en sus garras de papel. Esa es la sentencia de un libro. Así que mejor ábralo ahora, antes de que sea demasiado tarde.

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