Por: Ignacio Verbel Vergara*
Caracolicito y caracolito son palabras hermanas. La primera nos asalta bellamente con olores a corteza, a flores, a hojas que palpitan verdor y frescura. La segunda huele a marisma, a arena de río y de arroyo, de mar y ciénaga. Con caracolicitos se hacen canoas, mesas, sillas, mórbidos lechos. Con caracolitos se fabrican collares, hermosos ornamentos, audífonos que nos remitan a los sonidos de milenios pasados. Los caracolicitos( anacardium excelsum) dan sombra y hermosean el paisaje. Los caracolitos ponen un toque mágico en la arena. Los caracolicitos crecen más lozanos y alegres a orillas de las corrientes fluviales. Los caracolitos abundan en las arenas de todos los colores y matices.
Caracolito y caracolito, palabras untadas de ritmo, de emoción y de poesía. La primera está asociada a mi vida, desde mi infancia. La segunda empecé a escucharla más tarde y me pareció maravillosa. En Caracol, un humilde pueblo a orillas del Arroyo Pichilín nací, pero todos sus habitantes, por amor le dicen Caracolito. A orillas de Caracolicito pasé por primera vez a inicio de los ochenta siendo un púber que ansiaba llegar a la adolescencia. Los algodonales con su albura majestuosa acariciaban mis ojos y los cantos vallenatos se elevaban de la tierra como eufónicas espirales. Pero este 5 de Noviembre de 2011, por fin puedo llegar a Caracolicito con los escritores invitados a esta ronda lectora, con promotores de lectura, directivos y activistas de diversa índole de la Corporación Bibliotecas Públicas del Cesar. En la entrada al pueblo esplenden vitales matas de ahuyama, por algún lado cantan canarios y azulejos, ladra festivo un perro, una gallina y sus pollitos orillan la calle mientras van rebuscando granitos, cantan los gallos, un asno rebuzna sosegado.
A dos cuadras de la entrada, niños de ojos alegres y bondadosos nos hacen una calle de honor. En las puertas de las casas y por las ventanas entreabiertas se asoman rostros sonrientes. Los saludamos y nos contestan complacidos. Todos saben que hoy es día de fiesta en Caracolicito. Hoy, la lectura y la escritura tienen la palabra. Pero no es un evento cerrado. Es un evento que todos los habitantes saludan y del que se sienten partícipes. Avanzamos. El maestro Carlos Guevara nos va contando anécdotas y nos hace relación del paisaje que hay del otro lado del pueblo. Llegamos a la sede de la praxis lectora y escritora de la fecha. El Rector de la institución educativa que nos acoge y los profesores navegan en una atmósfera de fraternidad y en ella nos introducen. Nos hacen sentir como si fuéramos hijos del pueblo que hemos regresado después de varios lustros de ausencia y a los que todos quieren complacer, abrazar, saludar.
De súbito es el desayuno abundante y saludable bajo unos árboles coposos mientras una banda de música toca en el fondo, para amenizarnos el condumio. Varios colibríes llegan y besan con presteza algunas flores que brillan en las ramas intermedias de los árboles que nos abrigan. Más allá, mariposas de todos los colores gravitan sobre las flores tiernas de las matas de candia y de frisol.
Después de ese jolgorio, viene el jolgorio esencial que nos ha traído aquí. La ronda de lectura y de escritura. Me premian con un grupo de 17 personas, que proceden de El Copey, Astrea, Chimichagua y Caracolicito. 6 tienen 14 años. 6 son de 15 años y además hay 1 de 13. 1 de 11. 1 de 16. 1 de 41. 1 de 50. Sus niveles académicos van del 6o grado al 10º.
Después de una cálida autopresentación de cada uno de quienes formamos el grupo, intentamos responder a tres preguntas:
a. ¿Para qué leer?
b. ¿En qué medida la lectura ha cambiado mi vida?
c. ¿Por qué quienes leen son más ricos intelectual y espiritualmente que quienes no lo hacen?
El cúmulo de respuestas que salen a relucir, son interesantes, variadas, evidencian el ejercicio lector en que muchos de ellos están imbuidos. Entre ellas: “Leo para ser mejor persona y mejor ciudadano”. “Leo para jamás ser esclavo de nada ni de nadie y para fabricarme una armadura que me proteja de la ignorancia y la estupidez”. “La lectura ha cambiado mi vida porque desde que la practico ya no soy tan triste y puedo comprender mejor a mis amigos y seres queridos”. “La lectura cambió mi vida porque a través de ella no tengo tiempo para aburrirme ni para pensar en cosas sin importancia, además yo mismo, sin ser vanidoso, me creo más importante y útil para mi familia y mi patria”. “Quienes leemos somos más ricos en lo intelectual porque los textos a los que nos acercamos, acrecientan nuestros conocimientos sobre la vida, sobre Dios y el hombre, sobre la ciencia y cómo solucionar los problemas y somos ricos en lo espiritual porque nos volvemos mejores personas, capaces de ver lo valioso que es cada ser, cada acto bueno”.
Después les propongo varios textos para leer en la fecha, pero además les hablo de la importancia de conocer a los narradores y poetas más destacados del Caribe, sin que ello signifique descuidar o ignorar a los de otras latitudes. Acordamos leer textos del gran José Félix Fuenmayor ( narrador, - con Ramón Vinyes, alma del Grupo de Barranquilla al que perteneció Gabriel García Márquez-, poeta, periodista) y del maestro Héctor Rojas Herazo (poeta, narrador, pintor, periodista, ensayista, conversador insigne).
Iniciamos con el cuento Muerte en la calle de José Félix. Lo leemos, lo comentamos, hacemos un parangón entre la realidad, la época y el espacio descritos por el escritor y la realidad, la época y el espacio fundamental de cada uno de los integrantes del grupo. Se establecen semejanzas, diferencias, se intenta explicar cómo un tema tan aparentemente trivial le sirvió al autor para crear una obra de esa naturaleza. Se establecen las principales características positivas del texto, que según los participantes son: lenguaje sencillo y gracioso, pero cuidado y preciso; utilización afortunada de un personaje sin mayor importancia social para delinear varios estratos sociales, costumbres, valores y disvalores, creación perfecta del personaje y de su psicología. Algunos chicos mencionan a personajes similares que existieron o existen en sus municipios.
De Héctor Rojas Herazo leemos en voz alta y por turnos voluntarios, primero los tres siguientes poemas:
¿QUÉ SOMOS?
¿Qué somos?
Este poco de mar, estos crustáceos,
estas islas de fosfato que llevamos dormidas.
Somos también, estas pedrezuelas impasibles
y ese niño que atesora un naufragio en su memoria.
De aquí somos y esto somos.
Lo demás es tristeza, ruido de nadie, mundo.
Levantamos, en cada respirar, en cada poro nuestro,
un poco de estos grumos,
de estas chozas con vientres olorosos a fiebre.
Miramos un camino con un hombre cantando,
extendemos los ojos,
vemos un árbol, ¡un árbol solamente en la playa insaciable!
Y más allá los barcos, el mar de olas eternas.
Nos sentimos totales, furiosamente solos.
Solos como si nada nos doliese en la frente.
Somos de aquí, de este orbe rumoroso,
de esta arena con olas y naranjas,
de este diario morir frente a la sal,
de este podrirse con caracoles y totumos,
de estas paredes rotas,
de estos trozos de esquifes
que siguen navegando por las calles.
De este patio enlutado donde ronda la abuela,
donde mataron una casa
y aventaron sus puertas, su quicio y sus ventanas.
Esto somos no más: mar que se pudre
que camina y se pudre con nosotros.
LOS CORCELES DE ESPUMA
El caballo corre, el caballo vuela.
El caballo grande que patea las camas.
El caballo de las ardientes crines de harina.
El caballo que ríe a grandes carcajadas tras los escaparates.
El caballo que destroza los árboles con furiosos mordiscos.
El caballo que tiene clavos y serruchos en la cola.
El caballo que tiene dos fogones en la frente.
El día es un colosal caballo que relincha encendido.
Cada uno de nosotros es pelo de caballo.
La música de su relincho en los pozos dormidos.
¡Ah, el gran caballo en su verde establo de salitre!
Pateando nuestras vísceras y diciendo furioso:
“Tu cráneo es yerba mía,
dame la roja espiga de tus dedos,
la cáscara de tus uñas,
la cebada que maduran tus miembros”.
¡Oh, gran caballo solo, sin rumbo entre las olas!
AGONÍA DEL SOLDADO
Esto pedimos, esto no más:
Un niño
viendo pasar el aire dulcemente.
una mujer, un surco y una flauta.
Un pan bajo la lámpara.
El saludo de un amigo, su risa fatigada.
El llanto por un muerto.
La sombra de la casa y un camino
para llegar, para soñar con todos.
Esto pedimos, recuérdalo, esto sólo.
Más tarde leemos del mismo autor El hombre se recuenta como un cuento y Sentencia. Fue importante constatar que los participantes en su mayoría saben que es diferente leer sónicamente un poema que una narración y tres de ellos hacen modulaciones bastante aproximadas a las que se requieren para la recitación o la declamación. De cada poema, los muchachos y adultos hacen interpretación, emiten juicios sobre su intencionalidad, sobre los mundos y vivencias que reflejan. Realizan paralelos entre las imágenes usadas en la lírica y las propias de la narrativa. Es muy productivo el paralelo que efectúan sobre la manera en que se cuentan las acciones y en que se tejen los escenarios en la una y en la otra. Además, sobre las sensaciones que una y otra provocan en el lector y el lenguaje y el ritmo que usan.
Les propongo el ejercicio de crear cada quien un texto a partir de la pregunta ¿Qué somos? , que sirve de título a uno de los poemas de Héctor Rojas Herazo. La mayoría se aplica con voluntad al trabajo y surgen multiplicidad de textos. A continuación, una muestra:
Somos
agua clara y borrosa al tiempo.
Somos cielo nublado y estrella interminable.
Aire libre y tren apresurado somos.
Somos frutos descarnados por el calor
y también agua quieta.
(Angie Paola Payares Miranda)
***
Somos
avalancha de sueños
desbordando la mar.
Somos
un único sentir de gozos,
elocuentes parlanchines en pos de la felicidad.
Somos
tesoro de oro puro
sin saber de quilates.
(Julio C Serna, El Copey)
***
Somos
senderos interminables,
estatuas inmóviles
perdidas entre la avaricia, la envidia y la pobreza.
Somos seres llenos de remordimiento
que buscan una pequeña luz en medio de la oscuridad.
Somos buscadores de perdón,
buscadores de salvación.
Pero somos más que nada oscuridad
y parece que no hay marcha atrás.
(Ferneiris Rodríguez Campo, Astrea)
***
Somos
turpiales que cantan tristes
y que lloran metidos en las jaulas.
Somos
como dijo Carlos Vives, la tierra del olvido.
Somos esclavos del pasado, noche sin estrellas,
sin luna ni luceros.
Somos brisa que pasa suave al mediodía,
pero ante todo somos empedernidos soñadores.
(Alexander Vega, El Copey)
***
Somos caminantes que van en busca de un horizonte
y se entrelazan entre la alegría y el miedo.
Pero las ganas de querer llegar
supera el temor de no llegar.
(Yuranis Paola Rubio Puello, Astrea)
A las 12 y 20 pm, varios chicos que vieron entre los textos que exhibí sobre el piso del salón en que trabajamos, mi poemario Tiempo sin Tiempo, me solicitaron que les brindara un pequeño recital. Julio Cesar Serna, quien también es poeta y editor, así como Alexander Vega Jiménez, quien ya ha publicado dos poemarios, también insistieron en ello. Así que culminamos esa primera parte con varios de mis poemas. Pasamos al patio, nos situamos bajo unos palos de mango pródigos en sombra y frescor, a esperar el almuerzo.
Posteriori al almuerzo, los chicos y adultos del grupo nombran los libros leídos durante este año. Y , son: Cien años de soledad, Azul (Rubén Darío), ¿Por quién doblan las campanas? (Ernest Hemingway), Antología Poética de Eladio Mendoza, Isabel viendo llover en Macondo (GGM), La sirena de agua dulce (Triunfo Arciniegas), El terror de 6º B (Yolanda Reyes), El verdadero cuento del gato con botas, Lazarillo de Tormes, Crónica de una muerte anunciada, Vivir para contarla (GGM), Cuentos de la selva(Horacio Quiroga), La hojarasca (GGM), El viejo y el mar (Ernest Hemingway), Juan Salvador Gaviota (Richard Bach), El Principito (Antoine du Saint Exupery) , La Metamorfosis (Franz Kafka), El Mío Cid, La Biblia, Antología de poetas y narradores del Cesar, Viaje al centro de la tierra (Julio Verne), Un capitán de 15 años (Julio Verne)Antología de cuentos (Horacio Quiroga), Otras latitudes (Germán Lajud), El gato negro (Edgar Allan Poe), Tengo piojos, Clara la flacuchenta, Óyeme con los ojos, Todos los cuentos (GGM). Cuentos (Maupassant), El Popol Vuh, Una rosa para Emily (William Faulkner), Tabaré (Zorrilla), Antología Poética ( José Asunción Silva), Poesía Piedracielista, 17 fábulas del rey León, Antología (Julio Cortázar), Los siete instantes de Sara, Isla Negra (Pablo Neruda)Primer día en un planeta extraño (Jan Llaccarino).
Es notable comprobar que la mayor parte de estos lectores acuden a clásicos como Poe, Maupassant, Cortázar, García Márquez, Faulkner, Julio Verne, Pablo Neruda, Silva, Rubén Darío, du Saint Exupery, Horacio Quiroga y Kafka. También llama mucho la atención que son lectores que no se circunscriben a lo narrativo sino que exploran también textos líricos. Disfrutan tanto de los relatos de aventuras como de los textos que demarcan lo íntimo y subjetivo. Gustan de lo mágico y maravilloso, pero también de los universos de lo misterioso y de lo absurdo. No se cierran a los autores de textos juveniles, pero prefieren las obras de autores de gran prestigio y genialidad que han urdido y consagrado personajes y hechos que han pasado a ser paradigmáticos.
Cuando se les pregunta ¿qué ocurre cuando ellos llevan libros a sus cosas?, ¿qué dicen o hacen los padres y demás familiares ante ese suceso?, responden en su gran mayoría que comparten la lectura de ellos con los familiares, aunque hay algunos que cuentan indiferencia de la gente de sus hogares respectivos. Aparecen testimonios como los que siguen:
“Cuando llevo libros a mi casa, se los leo a mis hermanos, ellos se los gozan, a veces mi mamá también escucha”. (Karelis Castro, El Copey)
“Llevo los libros a casa, pero nadie se interesa por ellos aparte de mí.” (Ferneiris Rodríguez, Astrea).
“Mi hermano también aprovecha leer los libros que llevo a la casa y a veces los comentamos entre los dos”. (Iván Mendoza Martínez, El Copey)
“Yo leo los libros con mis hermanos y entre todos los comentamos” (Carlos Cantillo Salcedo, El Copey)
“En mi casa todos leen: mamá, papá, mis hermanos y primos. (Josué Arias Pacheco, Chimichagua)
“Yo no llevo libros a mi casa, pero los que leo por fuera los comento con mi madre. Yo le cuento a ella lo que pasa en el libro que me leí y entre los dos sacamos lo bueno de lo que leí” (Agustín Martínez, Chimichagua)
“Libro que llevo a la casa, libro que también leen mi hermana y una prima. Después nos pasamos horas analizando lo que hemos leído.” (Angie Payares, Astrea.)
“Si llevo un libro a la casa, ya sé que tengo que prestárselo a mis hermanos menores y contestar las preguntas que mis padres me hacen acerca del sentido del libro.” (Iván Rivera, Chimichagua.)
“Llevar un libro a casa es siempre bueno: lo comparto con una prima y con mis padres y después hablamos entre todos sobre él.” (Fabio Capera Cárdenas, Chimichagua.)
“Bueno, mis padres están pendientes de la clase de libros que leo. Un día me regañaron porque llevé uno que tenía un dibujo sensual en la portada, ellos creían que era sobre cosas inmorales, pero cuando les leí varios párrafos se dieran cuenta que no era lo que habían imaginado.” (Luz Mery Mejía Clavijo, Caracolicito.)
“En mi casa, cuando llevo un libro, los leemos todos los de la familia. Y no nos quedamos en la simple lectura, todos hablamos de lo que hemos leído y cómo nos pareció”. (D’Angela Sotomayor, Caracolicito.)
Cae la tarde con efluvios de rosas y de cánticos. Vamos a la plaza del pueblo donde se han reunido la mayor parte de los habitantes y casi todos quienes estuvimos en la ronda de lectura y de creación literaria. Se ofrece una obra teatral en honor de los visitantes. Los artistas son muchachos del pueblo, gran parte de ellos vinculados a los grupos lectores. En alguna casa cercana, alguien destaza tomates y los echa sobre trozos humeantes de carne que se guisan. Una rolliza cerda trisca la hierba joven que verdea a orillas de la iglesia. Chiquillos semidesnudos corretean en las calles cercanas. Bartolomé y Lajud sonríen satisfechos. Mónica suspira hondo y feliz. Eliana siente que se llega al fin de todo un año surcado de realizaciones. Benjamín toma fotos sin cesar. Orlanda no se queda atrás en ese menester. Sopla una brisa olorosa a grosellas y a agua pura.
Al filo de la tarde: Hasta pronto, chicos de Astrea, de El Copey, de Chimichagua. Feliz viaje, muchachos, van cargados de sueños, de voces diversas, de personajes inmortales, de versos, de canciones, de fraternidad. Huelen ustedes a libro, muchachos, huelen a páginas sublimes de la literatura universal y nacional.
Cuando salimos del poblado, noto dos gigantescas flores amarillas que sobresalen de la mata de ahuyama, no hay canto de azulejos ni de canarios, pero sí de gallinas que presienten el acabóse del día y la irrupción de la noche; un perro de ojos dulces juega con un niño, en algunos patios lucen tiestos llenos de azucenas y jazmines, gigantescas nubes blancas con formas de osos y de animales mitológicos adornan el cielo y voy pensando en la sencillez, la alegría y la amabilidad de la gente de Caracolicito, nombre que suena parecido a caracolito y percibo aromas de campo y de marisma, de lozanía y de arena, de verdes hojas y de pétrea y vistosa concha dextrógira o levógira.
Arranca el bus que nos devolverá a Valledupar. Los niños lectores de Caracolicito se quedan, pletóricos de alegría. Este día de fiesta de la inteligencia no lo olvidarán jamás. Tampoco los demás habitantes del poblado en el que después de la ronda de lectura de hoy, runrunean con mayor ímpetu los espíritus de Moby Dick, Sancho Panza, Don Quijote, Gregory Samsa, Remedios la bella, el capitán Nemo, Santiago Nasar, la Bella Durmiente, Alí Babá y sus cuarenta ladrones, los personajes de Fuenmayor, la esencia de la poética de Héctor Rojas Herazo. Tantos y tantos retazos, moléculas y cuerpos surgidos de la inventiva de los más connotados cerebros de la literatura de todos los tiempos.
Alburas de Diciembre de 2011.
*Ignacio Verbel Vergara es narrador, poeta, ensayista y promotor de lectura. Autor de los libros: Y aún el amor (Poemario), Latido y lumbre (Poemario), A pesar del paraíso (Poemario) Los años de Noemí (Novela), Antología de Cuentistas Sucreños y Tiempo sin Tiempo (Poemario)

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