Empecemos con un lugar común y verdadero: hacía un día espléndido cuando llegamos a la biblioteca Rafael Carrillo Lúquez a esperar a los niños que venían de los municipios del nodo norte. Llegaron los buses y nos sentamos muy juiciosos a escuchar las precisas instrucciones de Mónica Morón. Cada grupo cogió su camino, a nosotros nos correspondió la sala de Literatura, un amplio espacio para lo que nos convocaba. Los muy queridos Leonid y Mariela nos acompañaban. Hicimos un círculo y después de nuestro saludo, cada uno de los 24 niños se presentó. Hablamos luego del lenguaje particular de cada región, de los giros tan singulares que a veces toma, de la parte de Colombia de donde vengo yo: Antioquia, y de algunas de sus tradiciones literarias compartidas por muchos pueblos, y vertidas a la cadencia, a la música propia de cada zona.
Advertí en la seguridad que muchos de los niños manifestaron cuando se presentaron, y en sus edades, que podían escuchar cuentos e historias sin ilustraciones que los acompañaran, elegí entonces leerles del Testamento del Paisa el cuento de tradición oral: El Hijo de los Calzones. Debo aquí aclarar algo para eliminar suspicacias: la defensa de “lo paisa”, de sus supuestos valores, de la raza, de la viveza, de la “verraquera” y otros tantos ditirambos que muchos en mi tierra esgrimen, a mí en realidad me avergüenzan. No creo en la supremacía de “nuestra raza” sobre nadie. Todas esas expresiones grandilocuentes nos han hecho mucho daño, distanciándonos de otros pueblos. En su imaginario el paisa es sospechoso. Además, no me imagino siquiera qué pasaría si subiera un presidente de nuestra tierra con aire de amansador de bestias, y modales de dueño de un país como si fuera una finca…o una bestia. Pero bueno, sigamos, no nos distraigamos con cosas que nunca pasarán, y pertenecen más al reino de la ciencia aflicción.
En la tarde después de almorzar nos congregamos alrededor de un cuento del Tío Conejo, que nos hizo sonreír por las picardías de este tradicional personaje común a tantos pueblos. Conversamos sobre lecturas preferidas, recomendaciones de algunos libros y un poco de su historia lectora. Les propuse que lo escribiéramos todo y que hicieran una pequeña carta a la persona o personas que les enseñaron a leer. Dejo aquí una somera muestra de sus preciosas respuestas en este pequeño relato del día.
María Inés Ariza Suarez, 11 años, Pueblo Bello.
Hola querido Imer:
Gracias por enseñarme que la escritura y la lectura es muy importante para nuestras vidas. Dios te bendiga donde vayas. Gracias Imer porque cuando me sentía sola tú me alegrabas con esos libros tan lindos que me leías, porque me enseñaste que la lectura es algo maravilloso. T.Q.M.
Att: Tu amiga que te quiere.
Y escribió sobre sus lecturas y lo que hace con los libros en casa:
Cuando voy a la Biblioteca Imer el bibliotecario le pido un libro emprestado y él me lo empresta.
Los libros que me gusta leer son:
Zoro de Jairo Anibal Niño, El Maravilloso Viaje de Rosendo Bucurú, La Avispa Ahogada, Novela de Kike, El poema de los cazadores y la Perrilla, El Viejo y el Mar.
Cuando Imer me empresta los libros, mi ma me dice que me vaya a solas a leerlo, porque después me interrumpen.

Gina Marcela Ramos Gutierrez, 13 años. La Paz.
Queridos Padres:
Hago esta carta para decirle lo mucho que los quiero. Les pido las gracias por enseñarme a leer con una vara y yo les digo: ya no importa, pero gracias si es por ustedes no podría estar aquí donde estoy. Y también les digo que no me gustaba que me trataran mal. Muchas gracias por esta experiencia. Y el cuento que me contaban era Caperucita Roja.
Atte: Gina Marcela Ramos.
Para: mis padres queridos.
Y escribe:
Los libros que llevo a casa los leo, los comparto con mi papá, mi mamá y mis hermanos, primos. Y a veces con mis abuelos me pongo a leerles los libros.
Los libros que he leído son: La María, El Carnero. Y los libros que más me gustan son: El Principito, Los Tres Cerditos y el Lobo, Caperucita Roja, Blanca Nieves.

Liceth Paola Niño Fernández, 13 años. Codazzi.
Hola,
Hola querido papá, gracias por hacerme aprender a leer y te agradezco que nunca me pegaste para aprender. Yo si me porte mal no fue culpa mía. Si yo estaba pequeña.
Att: Liceth Paola Niño.
Gracias por su atención.
Te quiero papá.
Y sobre los libros que ha leído y los préstamos que hace de ellos, escribe:
La biblioteca de Codazzi me prestó un libro y yo lo compartí con mi papá, mi mamá y mi hermana.
Y me he leído: Willy Sueña, Quiero a los Animales, Willy el Campeón, Atlas, La Paloma Despistada y la Sardina Mensajera.

Finalmente otra carta:
Iván David Ruiz Ramos, 12 años. Pueblo Bello.
Estimado profesor:
Recuerdo cuando pequeño estaba sentía tus reglazos, y tus regaños y tus maltratos. Lograste enseñarme a leer, qué extraño pero aún le aprecio y si, los pensamientos sobre ti eran despreciables, solamente algunas veces quise amarte pero recordaba que me hacías bien, y no hay nada más que decir. Que lo quise y con esto me despido.
Y escribe también:
En mi hogar los libros me llevan a un mundo imaginativo y en tanto no se puede llegar al fin.
Yo leo los libros y a veces los comparto, pero lo que más me gusta es devorarlos solos en la naturaleza.
Los tipos de libros que leo son de acción y guerras.
Los libros que he leído son:
Narnia el príncipe Caspian, Crónicas de Narnia, El Viajero del Alba,Las Crónicas de Narnia, La Silla de Plata. A Carl Lewis. El capitán Calzoncillos. A Jairo Anibal Niño.
Son muchas las cartas y testimonios valiosos que hay. Textos plenos de belleza creativa, afecto y dolor también. Textos que ganan fuerza gracias a sus particulares y poco ortodoxas construcciones sintácticas. Fue un grupo de muchachos que estuvo atento todo el tiempo. Muy concentrados, interesados, y por su madurez y evidencias en lo escrito, buenos lectores en general.
Una apreciación más detenida sobre éste y los otros grupos de las rondas, la haré en la noticia final que es la del trabajo realizado en el corregimiento de Caracolicito.
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