Los talleres de creación literaria Caracolí del Cesar son una iniciativa de la Gobernación del Cesar a través de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas. El objetivo de estos talleres semanales es la promoción de la lectura y la circulación de usuarios en las bibliotecas de todos los municipios del departamento. El programa busca el reconocimiento cultural de las diversas regiones a partir de la divulgación de escritores y artistas locales, entendiendo que ese reconocimiento solo es posible desde una mirada a la cultura universal. Para tal fin se ha dividido la región en cuatro nodos: Nodo Centro, Nodo Noroccidental, Nodo Sur y Nodo Norte. Cada uno de estos nodos tiene un coordinador y cada municipio tiene un tallerista que desarrolla actividades de gestión, información y creatividad con niños, jóvenes y adultos. Las bibliotecas municipales son el espacio donde se realizan estos encuentros y sus bibliotecarias son la mano derecha de los talleristas para alcanzar las metas. La dirección general de estos nodos está centrada en la Biblioteca Pública Departamental Rafael Carrillo Lúquez de Valledupar. El programa entiende que un proyecto de lectura es a largo plazo y necesita la participación seria y activa de las instituciones locales, sean éstas públicas o privadas: alcaldías, grupos juveniles, fundaciones, iglesias, juntas de acción comunal, colegios. Este blogg es parte de una estrategia de comunicación y visibilización de las actividades que se realizan en los talleres, aquí se encuentra la producción de los participantes, las metodologías de los talleristas y las reflexiones que se generan en la experiencia. El blogg es la punta del iceberg de todo el programa por la promoción de la lectura y la construcción responsable de región.

miércoles 30 de noviembre de 2011

Caracolí del Cesar


Por: Javier Naranjo, escritor y promotor de lectura

Cuando un grupo hace de su reunión de trabajo una conversación sobre libros, creo que algo de entrada está bien. Cuando vas en un bus rumbo a unos talleres de las rondas, y en la banca de atrás alguien a quien aún no conocés está hablando con otro alguien sobre autores, creo que algo está bien. Cuando en las conversaciones con los niños te hablan de libros y de sus escritos y brillan sus miradas, creo que algo está bien. Y esto y muchas cosas más he percibido en las cuatro rondas a las que fui invitado. Voy a contarlo aquí atendiendo más a la percepción desde mi experiencia. No soy de cifras, cuadros estadísticos, tortas (otros son versados en esto). Qué saludable que en el mundo haya expertos de todo. ¡Maravillas de la diversidad que confortan! Trataré de dar una mirada desde las sensaciones, las conversaciones, las evidencias y las reflexiones puestas en común.

Estuve en Aguachica, La Jagua de Ibirico, Valledupar y Caracolicito. Nombres sonoros de los centros de nodo donde recibimos chicos de todos los municipios del departamento. Pueblos cálidos en todo sentido. No encuentro otra palabra más precisa para describir su clima, su gente expresiva, amorosa y hospitalaria, la risa franca de los niños, los colores de los días, las tonalidades de los Crotos en los jardines, la exuberancia de algunas formas en contraste con la arquitectura de las casas sencillas, casi austeras donde se privilegia la utilidad sobre el artificio. No voy a ampliar particularidades de cada ronda respecto a procesos de lectura, escritura, relaciones con las bibliotecas y con los préstamos que hacen en ellas de libros para llevar a casa. Voy a hablar en general, sin decir lo que conviene, esas frases que uno cree que espera oír el anfitrión. Por total respeto a lo observado, la sinceridad antes que nada para contar lo vivido.

Sé que la historia de los procesos de lectura en el Cesar no es de ahora, la siembra de todo lo que está sucediendo se inició hace mucho con el señor Carlos Guevara y su bibliobús, y cuando algunos de los promotores de hoy eran sólo unos pelaitos. Los talleres como tal sí llevan apenas tres años, y ya se notan unos excelentes resultados. Me acompañan razones: los niños están leyendo, hay pasión cuando mencionan libros, participan con viveza en las conversaciones sobre textos preferidos, recomiendan sin ambages. Hay que ver su seguridad cuando sugieren qué leer y porqué. El listado de libros que hacen es extenso, y es claro que en muchos casos no es una tarea, no es una lista arbitraria dictada por alguien para “quedar bien”. Escriben con gusto, con soltura y en muchos de ellos ya se advierte la influencia de lo que logran los libros en el pensamiento, en sus destrezas, en sus competencias comunicativas (como dicen ahora). Hay otras palabras, otras dimensiones que alcanza su lenguaje, sintaxis afortunadas. Giros, tropos, elaboraciones felices. Pero más allá de un listado amplio de libros (la mayoría de calidad) que hay en sus bibliotecas, más allá de los textos que evidencian potencia en el lenguaje, poesía, lo que se advierte sobre todo cuando se les lee a los niños, cuando se conversa con ellos sobre lo leído, sobre sus textos y sus sugerencias, es su atención. Su atención curiosa, inquisitiva que demuestra respeto por la palabra escrita, por sus virtudes y su poder. Sus ojos asombrados y ensoñadores, que los llevan contra todas las circunstancias adversas: calor, hambre, problemas familiares, violencia, a territorios donde todos somos libres. Donde podemos transformar el metal burdo de nuestras dudas, miedos, dolores, en oro para vivir mejor los días. No es precisamente evasión, es transmutación mediante la alquimia de las palabras y del afecto desde donde se brindan. Porque es justo aquí, reconocer la mística, la calidad humana que tienen muchos de los bibliotecarios y promotores de lectura que laboran en los municipios. Se advierte en la mayoría de ellos su amor por lo que hacen. Saben que sólo así se puede llegar a las personas. No creo tanto en la fuerza de los argumentos, si no hay ejemplo y entrega amorosa al quehacer, para así poder tocar los espíritus, y decirles que leer nos cambia, nos da otras coordenadas, enriquece el mundo que vivimos, nos ayuda a entendernos y a entender a los otros. Posibilita otras miradas.

Es cierto que no todos los niños están cercanos a la lectura, ni todos los bibliotecarios y promotores, y muchos padres de familia tampoco. Esta situación es normal, y lo que muestra es que el trabajo continúa. La lectura no tiene que ser una cruzada, hay muchos que no leen a quienes podemos llamar maestros de la vida.

Finalmente quiero expresar mi profundo agradecimiento a Mónica Morón, a su grupo de trabajo, a los promotores y bibliotecarios, por hacerme partícipe en esa aventura que merece crecer, ser un ejemplo de formación de lectores en el país. Ese camino de palabras por tierras de sabios juglares, que tiene un nombre sonoro: CARACOLÍ DEL CESAR.

Fotografías: Benjamín Casadiego ©2011

1 comentarios:

  1. Querido Javier. Me hiciste llorar con este torrente de afecto de la que está hecha esta crónica. Mil y mil gracias por llegar hasta acá, este departamento que en el país sólo se identifica con la música de acordeón (Y sin que esto suene a lamento o quitarle el mérito que tiene la música).
    Tu y todos los que nos acompañaron merecen de nuestra parte un reconocimiento especial, porque constituyen una rama bien gruesa del Caracolí. Hiciste que estos niños y jóvenes se asombraran, rieran, descubrieran otros mundos y eso estará grabado en ellos y el grupo de la Red de bibliotecas públicas.
    Nuevamente un gracias abrazao de cariño.
    Mónica

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