Esta es la historia de un taller de lectura. No solo leímos cuentos; inventamos tres y logramos convencer a cuatro de las participantes – las más inquietas; siempre querían ir al baño, siempre querían hacer algo distinto a lo propuesto- de lo chévere que resulta inventar historias. Es mejor que jugar al teléfono roto, terminaron pensando.
Todo empezó y terminó el mismo día: sábado 22 de octubre de 2011. En un salón de la biblioteca departamental en Valledupar nos reunimos 12 niñas y niños entre 9 y 12 años que venían de La Paz, San Diego y Pueblo Bello, las profes Carmen y Petronia, Alirio -nos acompañó a ratos-, y yo .
Nos presentamos y nos contamos el primer secreto: Yo me llamo fulana o fulano de tal y me gusta tal o cual cosa. Resultaron diseñadoras, bailarines y bailarinas, doctoras... Pero el que nos dejó boquiabiertos fue Alirio. ¡Le encanta ser inventor! Y tiene varios inventos. El descrestador: una cama voladora, sí como lo leen: una cama voladora....
Pensé que esta idea daba pie para brincar fácil a la historia de mi biblioteca- cartera, y atraparlos a todos con la magia de la lectura. Pero no, tocó cambiar de idea. Las tres niñas que aman jugar al teléfono roto y gritan en coro “¡Uy!, no” cuando se propone inventar un cuento, salieron en fila, por primera vez, al baño.
Desastre. Las profes Carmen y Petronia acudieron en mi ayuda. Cada una leyó despacito y cambiando de voz cuando la historia lo requería, un capítulo del libro Socaire y el capitán loco. Todos escuchamos atentos y tratamos de imitar al capitán loco mientras la profe leía: cuando quería demostrar seriedad, arrugaba tanto las cejas que los ojos se hundían como si quisieran mirar para adentro.
En esas estábamos cuando volvieron sonrientes las tres escapadas. Hora de empezar con la historia de la biblioteca cartera. La llevé a Valledupar cargada de cuentos escritos por amigos míos... Le pusimos nombre a esta biblioteca viajera. Fue fácil: Guarinar. Por discreción decidí no contar el origen del nombre.
Saqué el primero de los libros : La alegría de querer . Como un resorte saltó de la silla Jennifer . ¡Yo lo conozco, es de Jairo Aníbal Niño! ¿Lo leíste?, pregunté asombrada. Sí, contestó orgullosa y rotunda. ¿Y tienes un poema favorito?... Sí, sí, respondió . Y si estuviéramos en un cuento tendría que decir: y sin yo darme cuenta me arrebató el libro de las manos. En verdad estaba emocionada Jennifer. En un dos por tres lo tenía abierto en su página favorita. Y leyó despacito, con música, como se lee un poema: Te has ido/ y una luna sucia flota sobre el agua/ te has ido/ y ya no me queda nada por hacer;/solamente meterme al lago, coger con cuidado a la luna sucia y limpiarla con mi manga....
Con la profe Petronia y con la pequeña Johana se fueron a un rincón a seguir leyendo estos bellos poemas de amor.
Salió otro libro de Guarinar. Grande, con ilustraciones de mil colores. Teresita cantaba, de Evelio José Rosero. El dibujo de portada nos mostró al personaje central: una vaca gorda, negra, boquiroja coqueta y sonriente. Es la historia de una vaca que un día se pierde. Sus dueños un abuelo y su nieto no paran de buscarla, no paran de llorar, dije resumiendo el cuento. Y pedí ayuda: Necesito voluntarios que lean este libro y nos saquen de la duda: ¿Teresita apareció o se la trago un monstruo? De nuevo el libro voló de mis manos. Y vi a cuatro niñas buscando un rincón, felices, dispuestas a empezar su tarea de investigadoras.
Aparecieron luego, del fondo de la cartera, tres libros sin letras, con historias contadas sólo con dibujos. Felices sueños, Psst, Psst, Mesita de noche, de mi amiga Olga Cuellar. Pensé que eran precisos para mis cuatro amigas que detestaban inventar cuentos y sólo amaban jugar el teléfono roto. Se entusiasmaron, bueno eso creí... Pero cuando expliqué la misión: contar con palabras la historia escrita en dibujos, salieron corriendo, otra vez para el baño; las cuatro, una detrás de otra.
Regresaron pronto, con una idea que las convirtió en niñas sonrientes: Queremos el libro de Socaire y el capitán Loco - gritaron en coro- vamos a representar los dos primeros capítulos. Y sin más explicaciones se hundieron en su trabajo.
Elian, de Pueblo Bello, prefirió trabajar solo. Buscamos entonces un libro para él. Esculcó y esculcó hasta que encontró El árbol de los tucanes, de mi amigo Celso Román. Le brillaron sus ojos negros y redondos. Y muy solo y muy en voz medianamente alta, lo leyó despacito...lo saboreó.
Las niñas que quedaban se fueron al otro rincón con la profe Carmen. Decidieron leer La Estrella que le perdió el miedo a la noche...
Resultado....las niñas que aman jugar al teléfono roto hicieron una representación especial de Socaire y de El capitán loco. Sorprendió la lectura casi perfecta que hizo una de las niñas de este grupo en el que había dos Andreas, dos Paolas y una Eva.
Las que tuvieron en sus manos La alegría de querer, nos compartieron sus poemas preferidos...
Por un grupo de niñas de San Diego supimos que la vaca Teresita apareció. Y lo mejor: ¡jamás estuvo perdida! Estaba, muy oronda sentada en la cama del abuelo. ¿Y por qué nadie la vio?, pregunté. Fácil respondió una de ellas: estaba en la cama voladora inventada por Alirio. Al final compartieron las ilustraciones, muy bellas, de este libro. En especial una a dos páginas donde vimos a Teresita muy negra, muy elegante con una flor en la boca. ¡Está enamorada! , advirtió alguien con gran sagacidad. De inmediato las dueñas de La alegría de querer buscaron y le regalaron a Teresita un poema de amor: Al lado/ al lado tuyo/ tembloroso y helado/ al lado/ al lado tuyo/ todo mi corazón atortolado.
Llegó el turno de Elian. Estaba emocionado. El árbol de los Tucanes lo llevó de inmediato a Pueblo Nuevo, su pueblo . Allí también hay tucanes, allí también se cobijan en los árboles y allí, hay otros pájaros parecidos que se llaman curutú...
Al final tres niñas y la profe Carmen nos contaron la historia de un niño que vivía en una ciénaga y le tenía miedo al agua.... Un día se sueña con una estrellita tan miedosa como él y los dos , en ese sueño, botan a la basura esos miedos gigantes que no los dejan vivir.
Así terminó la parte seria, de la mañana, en este taller. En la tarde, hablamos de los libros leídos y de lo que hacemos cuando llevamos un libro a casa. El tiempo que sobró tanto en la mañana como en la tarde lo dedicamos a jugar. Jugamos a los trabalenguas: conchita chumena su choza techaba y pacho chaviches le echaba este dicho: conchita chumena ¿tu techas tu choza o techas la ajena? No techo mi choza ni techo la ajena yo techo la choza de concha chumena. Y mientras la repetía tratando de no enredar más esta enredada cadena de chs, vi a varias, concentradas, tratando de apuntarla en su libreta.
Y jugamos a inventar cuentos. No, no; juguemos al teléfono roto, insistieron mis amigas de La Paz. Pero me impuse, con la ayuda efectiva de Alirio: Vamos a inventar un cuento, es más divertido. Un día lluvioso... fue la primera frase que inspiró un cuento en el que hubo nubes y noches de tamboras...
A lo lejos se escuchaba el rumor del viento... así empezó otro cuento de niños, cometas y mariposas de mil colores...
Hicimos una pausa: jugamos al teléfono roto. Una vez fue suficiente para que mis cuatro amigas quedaron convencidas: Es más divertido inventar un cuento. Y fueron ellas las encargadas de dar la frase que nos puso de nuevo a soñar...
Lista de libros leídos
-El conejo de Felpa.
-La alegría de querer.
-Diana la diosa de la caza.
- El anfaro(sic) de pandora.
-El domador de monstruos.
-La paloma despistada y la sardina mensajera x x x x
-El más poderoso.
-El hada malcriada. x
-Caperucita roja.
-Los colores de Elmer.
-Hansel y Gretel. x
-El renacuajo paseador.
-El país de jagua. x x
-Eco el sonido del amor. x x
-La estupenda mamá de Roberta. x
-Elmer y el viento. x
-Elmer y el arco iris.
-El árbol de frutos de oro.
-El árbol de los tucanes.
-Filemón el arrugado.
-La selva loca.
-Ander y su mejor amigo.
-La romántica historia entre el gato Romeo y Julieta la ratona.
-El principito.
-El jardín de las ilusiones.
-La ballena y el búho.
-Rapunzel.
-Blanca nieves y los siete enanitos.
-Clara y el viento.
-Mi mamá es mágica.
-El rey de la selva.
-Cien años de soledad.
-Tengo miedo.
Cuando un libro llega a casa...
En pocas, muy pocas ocasiones, cuentan los asistentes a mi taller, se lee en familia. Una de las niñas contó que ocurrió cuando llevó El país de la jagua. Se metieron papá, mamá y los hijos a la cama, lo leyeron y se rieron juntos.
Otra contó que el libro Mi mamá es mágica logró unir a mamá e hijas.
Los grandes ausentes son los papás. Para ocupado; No tiene tiempo, dicen. Una niña se atrevió a contar: Se la pasa en la calle no se ni que hace...
Jennifer de Pueblo Bello, les lee a sus tres hermanitos. Es tanto el interés que ha logrado despertar entre ellos que con frecuencia le preguntan: ¿Cuándo vas a traer un cuento? No es la única que lo hace. Hay otras que se meten a la cama con la hermana compinche y leen. A veces lo hacen arropadas y con un plato de crispetas, como viendo cine...
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