Los talleres de creación literaria Caracolí del Cesar son una iniciativa de la Gobernación del Cesar a través de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas. El objetivo de estos talleres semanales es la promoción de la lectura y la circulación de usuarios en las bibliotecas de todos los municipios del departamento. El programa busca el reconocimiento cultural de las diversas regiones a partir de la divulgación de escritores y artistas locales, entendiendo que ese reconocimiento solo es posible desde una mirada a la cultura universal. Para tal fin se ha dividido la región en cuatro nodos: Nodo Centro, Nodo Noroccidental, Nodo Sur y Nodo Norte. Cada uno de estos nodos tiene un coordinador y cada municipio tiene un tallerista que desarrolla actividades de gestión, información y creatividad con niños, jóvenes y adultos. Las bibliotecas municipales son el espacio donde se realizan estos encuentros y sus bibliotecarias son la mano derecha de los talleristas para alcanzar las metas. La dirección general de estos nodos está centrada en la Biblioteca Pública Departamental Rafael Carrillo Lúquez de Valledupar. El programa entiende que un proyecto de lectura es a largo plazo y necesita la participación seria y activa de las instituciones locales, sean éstas públicas o privadas: alcaldías, grupos juveniles, fundaciones, iglesias, juntas de acción comunal, colegios. Este blogg es parte de una estrategia de comunicación y visibilización de las actividades que se realizan en los talleres, aquí se encuentra la producción de los participantes, las metodologías de los talleristas y las reflexiones que se generan en la experiencia. El blogg es la punta del iceberg de todo el programa por la promoción de la lectura y la construcción responsable de región.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Ronda de lectores: La mirada de Frank



Leyendo el corazón: su diástole y sístole con los niños y niñas el nodo sur

Por: Frank Daza, Psicólogo y Promotor de lectura.



Cuando recibí la noticia de que sería tallerista en Aguachica con Caracolí del Cesar, estaba pensando que este septiembre había sido muy largo, que no parecía un mes de solo cuatro semanas, sino que muy seguramente culminaría no en día 31, como el fugaz y musical abril, sino que llegaría hasta día 38 ó 40. La verdad es que había percibido este septiembre como aquel del año 1987, en el que mi profesora de transición, nos anunció una celebración del día del amor y la amistad, además tendríamos un amigo secreto y como si fuera poco compartiríamos algunos dulces alrededor de esta celebración con esa persona en especial. Esos días me parecieron eternos, después de que supe el nombre de a quien debería darle el regalo. Era ese nombre al que yo esperaba darle ese regalo, y fue aquel el nombre, que saqué de la pequeña bolsita que pasó mi profe justo a la altura de mi pecho, como si el corazón ejerciera un magnetismo sobre los nombres, atrayéndolo hacia mis manos, lo miré escrito en una tirilla de papel blanco, ese nombre que yo quería junto con la persona a quien pertenecía, la niña más divina del grado. Para entonces ya yo sabia leer y claro está, si hacen un cálculo rápido de mi edad, seguramente se darán cuenta de que ese nombre, fue una de las primeras palabras que leí en mi vida, por lo tanto, una de las palabras que quedaron bien escritas en la contraportada de mi memoria. Desde entonces me di cuenta que las palabras se acercan al corazón cuando uno las desea y si ellas se sienten deseadas se quedan a vivir en tu alma.

Teniendo en cuenta aquél año y este mes, y pensando en provocar este deseo en los niños y niñas enmochilé los libros para el taller que titulé Leyendo el corazón. Hasta el momento, este septiembre negrito en el almanaque, porque tenía ausente el color rojo de sus filas, no me había dado la oportunidad de celebrar el día del amor y la amistad, no me había permitido comerme ni un confite con mi esposa, así que, decidí sublimar lo acontecido con dos libros excelentes que tocan el tema al lado de los niños que Mónica me había asignado para el taller. Fue así como el día 24 de este septiembre ya más dilatado, leí para un grupo de 15 niños y niñas de Aguachica, San Alberto y La Gloria El aprendizaje amoroso de Leticia Bourget y Con el sol entre los ojos, un cuento ubicado en No somos irrompibles, 12 cuentos para niños enamorados de la argentina Elsa Borneman. Estos dos libros marcaron mi entrada al mundo de la literatura infantil y juvenil, dos libros con los que sabía cumpliría el objetivo del taller “Leer el corazón” pues los relatos están muy bien escritos, atraen fácilmente la atención y presentan como un prisma la multiplicidad de colores del amor, con sus ilusiones, tristezas, temores, logros, frustraciones, dudas y gratificaciones; pero siempre mostrando el amor como una fuerza transformadora que nos define y redefine a través de sus encuentros y desencuentros.

Sabiendo que esta celebración sería en el centro recreacional El Limonar y al aire libre, me dije: ¡no hay fiesta sin música!, pues todas las solemnidades del hombre Caribe están acompañadas de música, no porque no seamos profundos, sino porque es la forma que tenemos de recrear nuestra realidad y hacerla mas comprensible. Así cogí la guitarra y me lleve tres canciones para acompañar la lectura en voz alta de estos libros, dos al estilo del escritor y cantautor Luis Pescetti (Ay, Lilí y Raquel, Martín, Pedro y Mabel) y una que escribí después de una experiencia que tuve al enamorarme un día y quedarme sin palabras al ver a esa chica que me gustaba (El problemón).

Después de preparar y estimular el oído con juegos de conciencia fonológica, leímos en voz alta la historia El aprendizaje amoroso de Leticia Bourget, que está en formato de libro álbum, permitió a los chicos y chicas elaborar un diálogo entre la imagen y las palabras e ir respondiendo las preguntas que el libro plantea alrededor del amor, al final pensaron en nuevos títulos para ese libro, volvimos a cantar las canciones de Pescetti, pasamos a la lectura del segundo cuento, llenando espacios vacíos en la historia, destapamos una cajita negra que tenía creencias de la gente sobre qué es enamorarse y qué se siente cuando se está cerca de la persona que a uno le gusta, ellos dieron y escribieron sus puntos de vista, en fin, esto fue más que un taller, fue una reunión de amigos.

Al final agradecí la compañía de Olga Villamizar, Bibliotecaria de San Alberto, que participó como una niña más del encuentro. Pero yo sabía que ellos no podían regresar a sus casa sin un regalo, además, la costumbre en este tipo de celebraciones es dar regalos, así que rifé la edición numero 22 de Las aventuras del capitán calzoncillos de Dav Pilkey, y el primer niño de San Alberto le atinó al numero que había anotado la bibliotecaria en la parte de atrás de la hoja de la canción que escribí para el taller, por lo que los demás chicos no alcanzaron a decir nada, pero el compromiso que adquiría el ganador, era prestar a sus amigos y a la biblioteca el libro para que todos tuvieran la oportunidad de leerlo.

La tarde de ese mismo día nos tomó debajo de un palo de mango con la compañía de Ángel Fuentes Pinto, coordinador y promotor de lectura en algunos Municipios de Caracolí del Cesar, sin duda, una experiencia muy grata hablar de los libros que se han leído. Esta reunión de amigos continuó con una charla de 45 minutos en donde varios chicos dieron su experiencia a través de los libros leídos. Inició Bryan de San Alberto: “yo leí Un Mundo sin trampas de Soto Aparicio’’, Jerson: “yo leí Zoró de Jairo Aníbal Niño’’, Siervo sin tierra, de Eduardo Caballero Calderón, dijo Sandra; entablamos la conversación con los aspectos que les habían llamado la atención de los libros y qué criterio utilizaban para escogerlo, Brayan replicó “por la portada’’. Inobjetablemente, la experiencia me decía una vez más que para los chicos que se forman como lectores es importante la estética, que parte de una forma sencilla, un título llamativo, aspectos de la edición que “atrapa” al Lector que desprevenidamente sale a cazar, es como si uno pasara de ser depredador, a ser presa.

Angel aportó datos claves de su experiencia como lector curtido partiendo de este punto, anotó que muchas películas exitosas han partido de los libros, que están en las bibliotecas, pero que era más completo leer el libro, comentamos entonces sobre Roald Dahl y Charlie y la fábrica de chocolate y Alicia en el país de las maravillas; todos miraban y escuchaban con atención, una niña de la Gloria habló sobre dos historias de las que ni Ángel ni yo teníamos referencias, Mi mamá es Mágica y la bruja de la televisión, ella finalizó diciendo algo importante, que en esas historias se veía que el escritor había imaginado muchas cosas y que había inventado lo que pasaba; fue el espacio para recomendarle a ella y al resto de chicos asistentes Cuentos para jugar de Gianni Rodari. Así, nos extendimos un poco recordando argumentos de Pinocho el astuto y de cómo este escritor nos mostraba la fantasía como una posibilidad para crear y escribir nuevas historias, se sorprendieron cuando saqué del bolsillo delantero de mi guitarra, otro libro que despertaba la escritura partiendo de la lectura de imágenes, les dije: este libro es fácil de leer, tiene pocas palabras pero muchas imágenes, que valen por esas palabras, esa niña de La Gloria, se asombró al ver Los misterios del señor Burdick de Criss Vans Allsburg, y haciendo un breve paneo con el libro abierto mostré un par de imágenes que concentraron la admiración de todos esos ojitos, “de aquí han partido miles de historias”, les dije, y les conté de las veces que lo había utilizado en las escuelas de Valledupar y como los chicos después de leer las imágenes, escribían sus propios cuentos.

Así, que si esta reunión debajo de uno de los árboles de mango del Limonar era para hacer promoción de lectura, se consiguió el objetivo. Nos despedimos de los muchachos con una sonrisa a flor de labios, con la que bien hubiésemos podido ganar el concurso de Mr. fotogénico entre un grupo de conejos, así que todos se despidieron muy alegres y agradecidos por el taller y la charla de la tarde.

Al sentarnos con el resto del grupo, repentinamente comenzaron a aparecer chicos y chicas para pedir autógrafos y firmar libros, eso realmente me sorprendió, no parecíamos ya promotores de lectura, sino verdaderas estrellas del cine, sin embargo, terminaba cada rúbrica, en cada papelito o portada, mirando a los ojos a los niños y niñas, recordándoles empuñando uno de mis libros, que ellos y los libros, eran las verdaderas estrellas, que ellos y los libros son los verdaderos protagonistas de esta historia que vislumbra y sueña con un final feliz.

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