Los talleres de creación literaria Caracolí del Cesar son una iniciativa de la Gobernación del Cesar a través de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas. El objetivo de estos talleres semanales es la promoción de la lectura y la circulación de usuarios en las bibliotecas de todos los municipios del departamento. El programa busca el reconocimiento cultural de las diversas regiones a partir de la divulgación de escritores y artistas locales, entendiendo que ese reconocimiento solo es posible desde una mirada a la cultura universal. Para tal fin se ha dividido la región en cuatro nodos: Nodo Centro, Nodo Noroccidental, Nodo Sur y Nodo Norte. Cada uno de estos nodos tiene un coordinador y cada municipio tiene un tallerista que desarrolla actividades de gestión, información y creatividad con niños, jóvenes y adultos. Las bibliotecas municipales son el espacio donde se realizan estos encuentros y sus bibliotecarias son la mano derecha de los talleristas para alcanzar las metas. La dirección general de estos nodos está centrada en la Biblioteca Pública Departamental Rafael Carrillo Lúquez de Valledupar. El programa entiende que un proyecto de lectura es a largo plazo y necesita la participación seria y activa de las instituciones locales, sean éstas públicas o privadas: alcaldías, grupos juveniles, fundaciones, iglesias, juntas de acción comunal, colegios. Este blogg es parte de una estrategia de comunicación y visibilización de las actividades que se realizan en los talleres, aquí se encuentra la producción de los participantes, las metodologías de los talleristas y las reflexiones que se generan en la experiencia. El blogg es la punta del iceberg de todo el programa por la promoción de la lectura y la construcción responsable de región.

martes, 25 de octubre de 2011

Leer es navegar en la luz y hacia la luz


Por: Ignacio Verbel Vergara, narrador, poeta, ensayista y promotor de lectura de Sincelejo, invitado a las Rondas de lectores en La Jagua,


1.

Amaneceres de Valledupar, surcados por una fina niebla que parece llegar en alas del viento desde las cimas níveas de los montes que circundan la mayor parte del territorio.

Al amanecer, Valledupar es un universo de blancura y de verdor en el que confluyen perfumes diversos y en el que algunos sonidos propios de la ciudad se enroscan, se encabritan y luego se esfuman entre la sordina de la lluvia fina que empieza a caer.

Diligentes, contentos, pensando en los niños con los que compartirán el delicioso plato de la lectura, Mónica Morón Cotes: Coordinadora de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas del Cesar, Eliana Villarroel Acosta, Asistente Administrativa, los promotores, los coordinadores de nodos, el Coordinador General de Talleres Carlos Guevara Támara y los escritores invitados, suben al bus que ha de llevarlos a La Jagua de Ibirico. Sopla una brisa vestida de humedad y de lluvia en la que a veces confluyen aromas de acacias, uvitas, mangos y cítricos. El bus va lento, no lleva mayor prisa: hay algunos responsables de la actividad de hoy, retrasados. “Hay que darle en la turra al Turry”, dice alguien. “Para que sea más cumplido”. Y hay risas, camaradería.

Al rato, avanzan por una senda a cuyos lados pastan hermosas vacas, esbeltos becerros, corceles de firmes músculos, asnos que los obligan a recordar al Platero de Juan Ramón Jiménez. Se suceden sin cesar terrenos de pastos verdes, es posible contar algunos cañahuates y cotoprixes, aunque después aparecen hectáreas y hectáreas de palmas.

2.

El historiador Edgardo Támara y yo nos asombramos de todos los accidentes geográficos que vamos encontrando y nos conmovemos cuando hallamos a lado y lado de varios kilómetros, millares de cadáveres de palmeras que murieron incineradas.

Vamos pensando en La Jagua, en los infantes y jóvenes con los que compartiremos. Adivinamos las miradas ofrendadas a los libros, los oídos dispuestos a escuchar nuestras palabras y las de los autores que leamos. Imaginamos sus rostros perlados de alegría, sus voces complacidas, sus gestos dinámicos. De súbito se nos solicita bajar del bus. “A desayunar”, dice alguien. Nos situamos alrededor de cómodas mesas que al rato se llenan de apetitosas viandas. Por aquí festonea un enorme bocachico guisado que nada entre una salsa gratinada, rodeado de fulgurante cebolla y de tomates. Por allá, un sápido hígado circundado de yuca harinosa o un trozo de lomo fino de cerdo asado rodeado de patacones y abundante ensalada. Luego de la comilona, al bus nuevamente. Ya estamos cerca de los anfitriones de nuestras palabras y de las de los maestros de la literatura y el conocimiento que van en nuestras mochilas, en nuestros bolsos.

3.

La Jagua es un municipio poblado densamente; por aquí y por allá hormiguean hombres, mujeres, viejos y niños. Existen estimativos de que su crecimiento demográfico ha sido inmenso en los últimos cinco años. La explotación del carbón se ha constituido en la principal fuente de ingresos del lugar, pero las enormes y fabulosas regalías no se han constituido necesariamente en garantía de bienestar para sus habitantes. Algunos días deben hacer milagros para obtener una pimpina de agua o para acceder a servicios primarios requeridos por cualquier ser humano. Algunos vecinos con los que conversamos, nos dicen que hay innegables cordones de miseria y que no es raro encontrar rostros donde se apelmaza la tristeza, en los que el dolor y la desesperación habitan.

Pero llegamos a nuestro destino y he allí centenares de dulces caritas, de miradas anhelantes, de correteos festivos. Los niños y jóvenes lectores de La Jagua de Ibirico y de otros municipios circundantes, afiliados a los ejercicios y clubes lectores impulsados por la Red de Bibliotecas Públicas del Cesar. Restallan las sonrisas, la risa, gritos alborozados. No importa el calor avernal que nos acosa. La mañana es resplandeciente. El sol despliega todas sus galas y su fuerza. Los susurros de niños y jóvenes van en crescendo. Mónica y Eliana, con vigor, con dinamismo admirable, distribuyen los distintos grupos y los entregan a los promotores y escritores invitados. Alguien dice que hoy no habrá servicio de agua en La Jagua, pero todos nos vamos llenos de ánimo y con el corazón fresco y con ganas de trabajar con nuestros nóveles o experimentados lectores.

4.

Los niños y adolecentes que forman el grupo que me correspondió llegaron desde Pelaya, Pailitas y Curumaní .Todos me cuentan que madrugaron para poder tomar el bus que los traería a La Jagua. “Yo anoche casi no dormí, estaba emocionada con lo del viaje y con lo que haremos hoy”, me dice Laura Pérez, que llegó desde Pelaya. “Desde hace varios días pensaba con emoción en este día”, expresa Sharon Villanueva, quien viene desde Pailitas.

Son niños y jovencitos de mansa mirada, de maneras agradables. Para conocernos mejor, todos quienes estamos en el grupo, fijamos nuestro nombre en el pecho, escrito sobre papel marfil con marcador verde. Bartolomé Monterrosa es el acompañante que se me ha designado para desarrollar el taller. Bartolomé me ayuda en todos los menesteres: es un hombre convencido de su papel de promotor de lectura, se le nota el amor con que hace cada actividad, sus mensajes al respecto son claros y didácticos, no desperdicia la más mínima oportunidad para impulsar la praxis lectora, la asocia a la vida de los niños, al entorno, aprovecha los pre- saberes para situarlos en el mundo y espacio de lo que leen.

Luego de la presentación, dialogamos acerca de la lectura como ejercicio lúdico, intelectual y de aprehensión del conocimiento. La lectura como herramienta para acercarnos al legado de nuestros predecesores. Algunos niños dicen que leen para entretenerse. “Para matar el aburrimiento”, dice Angie Xileni Solano. “Y para saber más de todo”, asegura Ingrid Dayana Rudas.

Entre las obras y autores a los que se han acercado, descuellan Jairo Anibal Niño (La alegría de querer), Francisco Montana Ibañez (El cocodrilo amarillo en el pantano verde), Yolanda Reyes (Una cama para tres), Annn Cameron (El lugar más bonito del mundo), Leopoldo Berdella de la Espriella (Aventuras del Tío Conejo), David Sánchez Juliao (Roberto, el terco),Oscar Wilde (El fantasma de Canterville).

Luego, les leo un poema que Luis Roberto Mercado, un poeta del departamento de Córdoba, me dio dos días antes en Montería con el pedido de que se los leyera a los niños y adolescentes del Cesar con quienes me tocara compartir. “Es mi regalo para ellos y para las hermosas actividades que hacen en torno a la lectura”, me dijo el poeta Mercado.

EL ÁRBOL INSEPULTO

Aquel árbol

que nos dio tanta sombra

fue asesinado

Sin compasión

le metieron el hacha por todos los costados

y le rompieron las ennudadas raíces

Lentamente

se estremecía aferrado a la vida

Indefenso

manaba agua como sangre resentida

Al desplomarse

se llevó la alegría de los pájaros

Muchos comentaron este poema. Manifestaron que era desgarrador que los pájaros se quedaran sin su casa, sin su ciudad. “Porque el árbol era como una ciudad de pájaros”, manifestó Ezli Johanna Rivera. Y otros expresaron que era un poema muy bonito porque hacia un llamado a lo ecológico. “Tenemos la obligación de cuidar la Naturaleza, si la destruimos nos estamos destruyendo a nosotros mismos”, manifestó Silvia Cuellar. También nos acompañaba una madre de familia de Pailitas (Mónica Patricia Ríos Colina, quien en todo momento participó e hizo interesantes planteamientos) y ella argumentó: “Es un poema dedicado a la vida, al respeto a la vida. Nos enseña que no debemos derramar la sangre de los seres humanos ni de otros seres cercanos a nuestros afectos y a nuestra existencia o a la de los demás. Un árbol parece cosa sin importancia, pero cuando se corta o mata uno de ellos el paisaje queda triste y se entristecen quienes estaban acostumbrados a verlo y a alegrarse todos los días con su presencia. Y los pajaritos que tenían sus nidos o que dormían en sus ramas se quedan a la intemperie”.

Después leímos un cuento de mi autoría titulado El Cangrejito sandunguero. Pero antes de la lectura aclaramos o precisamos el significado de algunas de las palabras que aparecerían en el mismo. Eso conllevó a que los niños hablaran sobre animales del mundo fluvial y del mundo marino, de bailes y de cantos, de la sandunga y su origen, de las costumbres de algunos cefalópodos y crustáceos. Recordaron algunas lecturas que habían efectuado y en las cuales los animales eran los protagonistas. Realizaron algunas predicciones de lo que podría pasar en el cuento.

Posteriormente, Bartolomé y yo hicimos algunas recomendaciones de cómo hacer de la lectura una práctica cada vez más gozosa, libre y personal, sin imposiciones, sin imperativos externos a la decisión de cada quien como lector. Les recordé las apreciaciones de Ernesto Sábato sobre el acto lector. Les recordé que Sábato afirmaba: “Fueron los libros quienes me ayudaron a comprender y a querer la grandeza de la vida. Quienes sembraron en mi alma lo que luego los años pudieron expandir. Leía cuanto llegaba a aquellas bibliotecas de barrio, donde primero a través de libros de aventuras, y luego, porque un libro lleva, inexorablemente, a otro libro, a través de los más grandes de todos los tiempos, esos que nos entregan los abismos del corazón humano, y la belleza y el sentido de la existencia. Leer les dará una mirada más abierta sobre los hombres y sobre el mundo, y los ayudará a rechazar la realidad como un hecho irrevocable. Esa negación, esa sagrada rebeldía, es la grieta que abrimos sobre la opacidad del mundo. A través de ella puede fijarse una novedad que alienta nuestro compromiso”.

Ahí aprovechamos para indicar la importancia de la existencia de las bibliotecas públicas como oportunidad para que millares de personas se unten de saber y de gozo, de fantasía y realidad, de maravillas y verdades, de luz y de reflexión. Sábato hablaba de ese sendero mágico y feliz que se le abrió a través de esos libros de humildes pero importantes bibliotecas de barriada.

Alguien empezó a decir que pronto llegaría el almuerzo; sin embargo, invitamos a los lectores a acercarse a varios textos escritos por niños y jóvenes, entre ellos dos textos ganadores en concursos de cuentos del departamento de Sucre. Uno, titulado “Las aventuras de un virus enredado en el aparato respiratorio de un humano” y el otro “Con cuerpo de chocolate”. Previo a la lectura, los chicos intentaron explicar qué es un virus, dónde viven, cómo se forman, por qué son malos, cayeron en cuenta de que no todas las enfermedades son provocadas por ellos y enumeraron los títulos de varios textos que habían leído en los que aparecía algún virus. También manifestaron las bondades del chocolate, su utilidad y su necesidad y una niña habló levemente sobre un cuento llamado la fabrica de chocolates. “En la película trabaja Jhonny Deep”, agregó otra. Después de la lectura de estos textos, el compañero Bartolomé realizó unos interrogantes muy puntuales que estimularon a hablar a los participantes sobre algunos hechos de las narraciones. Volvió a haber un falso rumor sobre la llegada del almuerzo. Llegó un refresco que suavizó las gargantas y que posibilitó cierta recuperación de calorías, lo que devino en nuevos bríos para continuar la actividad.

Antes de iniciar las lecturas motivadoras, yo había desplegado sobre el piso del aula múltiple en la que desarrollamos todo nuestro trabajo muchas obras, entre ellas las siguientes:

Coincidencias (Amaury Pérez Banquet), Querido yo (Galila Ron Feder), Las ballenas cautivas (Carlos Villanes Cairo), El tiempo vuela (Diana Briones), Tiempo sin Tiempo (Ignacio Verbel Vergara), Aurelio tiene un problema gordísimo (Fernando Lalana, et al) El cuaderno de Pancha( Monique Zepeda), ¡Pide otra pizza, por favor! (Jesús Carazo), Hermanos hasta en la sopa (Teresa Broseta), Las palabras mágicas (Alfredo Gómez Cerdá). Invitamos a los niños y jóvenes a escoger una de aquellas obras y adentrarse en sus páginas, en sus mundos, lo que hicieron con presteza y avidez.

Cada quien escogió el espacio que le pareció más propicio para leer, sin alejarse mucho del núcleo que nos servía de escenario. Bartolomé, Mónica la madre acompañante y yo, también leíamos. De vez en cuando uno que otro niño se acercaba a mí para consultarme el significado de una palabra. Y de vez en cuando yo levantaba la vista y los observaba: estaban concentrados, dichosos, con los rostros iluminados. Pasado un tiempo prudencial, suspendimos la lectura y cada niño o joven tomó la palabra para decirnos el título del libro que había estado leyendo y el nombre del autor, algunos, hicieron breve recuento de lo leído. Llegó al fin el almuerzo y cada quien se aprestó a devorarlo, con ganas, con placer.

Pronto concluiría la jornada de trabajo. La tarde pasaba de la infancia a la madurez, el sol decreció en su fuerza candente. Volvimos a reunirnos con los lectores y les formulamos dos preguntas que la coordinación del evento nos solicitó les hiciéramos:

A) ¿Qué libros has leído últimamente?

B) ¿Qué pasa cuando sacas un libro de la biblioteca y lo llevas a tu casa? ¿te dedicas a él? ¿Qué dicen o hacen los otros miembros de la familia cuando lo ven?

Todos los niños escribieron sus respuestas. Los últimos libros por ellos leídos fueron:

La varita mágica, Poesías (Autores Diversos), Visita al museo, ¿Dónde está el libro de Clara?, Cuentos, de Óscar Wilde.

La mayoría coincidió en que cuando llevaban el libro a la casa, lo leían con la familia. Estas son algunos de los testimonios:

Cuando llevo un libro a mi casa, lo leo yo, pero también lo leen mis primas. (Leidis Tatiana Cerpa, Curumaní.)

Cuando llevo un libro a mi casa lo leo. Me siento alegre y me gusta ver las mascotas que haya en él. También lo leen mi mamá y mis amigas. (Silvia Juliana Cuellar Rincón, Pelaya.)

El último libro que llevé a casa me lo leí yo solita. Mis padres me preguntaron: ¿qué estás leyendo? La monja en el hospital, les contesté. (Sharon Villanueva Ríos, Pailitas)

Yo llevé a mi casa el cuento Mamá, quiero un canguro. Lo compartí con mi mamá y mis hermanos. Fue una corta reflexión, pero muy bonita. (Ángela Toscano P. Pailitas, )

El último libro que llevé a mi casa lo leí yo, lo leyó mi mamá, lo leyeron mis hermanos. (Marcia Pineda Pérez, Pailitas.)

Cuando yo llevo un libro a mi casa, primero me lo leo yo, luego lo leo en voz alta a mis hermanos y a mis padres. (Elizabeth García, Pailitas)

El último libro que llevé a mi casa fue La sirenita y mi mamá me dijo: Cuídelo. Yo lo leí y después mamá me pidió que se lo prestara y también se lo leyó y me dijo: ¡Qué libro tan espectacular! (Laura Vanessa Pérez, Pelaya)

El último libro que llevé a mi casa me hizo llorar porque mi hermana lo cogía sin mi permiso, me llenaba de ira por su atrevimiento, porque era un libro que tenía que cuidar y mi hermana quizá no sabía cuidarlo, pero después lo leímos las dos. (Ingrid Dayana Rudas, Pelaya.)

Cuando un libro llega a mi casa lo leemos mi mami y yo. (Angie Xileni Solano, Pailitas)

Después rifamos entre los participantes un ejemplar de Coincidencias de Amaury Pérez Banquet y otro de mi poemario Tiempo sin Tiempo. Todos se esforzaron por ser los ganadores, pues no recurrimos al azar sino a respuestas relacionadas con la actividad realizada durante todo aquel intenso e interesante día.

A los pocos minutos despedidas, abrazos, besos. Que vuelva pronto, Ignacio, me dijeron varios. No nos olvide, pidió Leidy. Otra vez carreras, los responsables por municipio organizando a los niños y comprobando sus presencias antes de autorizarlos a subir a los buses para retornar a Pailitas, Curumaní, Pelaya.

5.

La noche que pide vía. Vuelta a Valledupar donde hay fragor de luces, proliferación de automóviles, rumor de fiesta por todos lados, parejas que bailan en las terrazas, oferentes ambulantes de comidas y otros artículos, gentes que pasan acicaladas quien sabe a qué festín, uno que otro mendigo, rostros arrebolados por la dicha, ojos que contemplan el cielo. No hay ninguna huella de la fina niebla del amanecer, pero entre olores de aceites, gases, productos industriales, frituras, licores, colonias caras y baratas, afeites femeniles de primera calidad, subsisten los olores de las acacias, de los cotoprix y de los mangos y otros árboles que despliegan sus ramas hacia el cielo. Y por allá, en la conciencia, perviven las voces infantiles y juveniles que nos acompañaron todo el día, que leyeron, que hablaron de la lectura y de lo leído y que dieron testimonio de que leer es vivir, de que leer es navegar en la luz y hacia la luz.


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