Los talleres de creación literaria Caracolí del Cesar son una iniciativa de la Gobernación del Cesar a través de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas. El objetivo de estos talleres semanales es la promoción de la lectura y la circulación de usuarios en las bibliotecas de todos los municipios del departamento. El programa busca el reconocimiento cultural de las diversas regiones a partir de la divulgación de escritores y artistas locales, entendiendo que ese reconocimiento solo es posible desde una mirada a la cultura universal. Para tal fin se ha dividido la región en cuatro nodos: Nodo Centro, Nodo Noroccidental, Nodo Sur y Nodo Norte. Cada uno de estos nodos tiene un coordinador y cada municipio tiene un tallerista que desarrolla actividades de gestión, información y creatividad con niños, jóvenes y adultos. Las bibliotecas municipales son el espacio donde se realizan estos encuentros y sus bibliotecarias son la mano derecha de los talleristas para alcanzar las metas. La dirección general de estos nodos está centrada en la Biblioteca Pública Departamental Rafael Carrillo Lúquez de Valledupar. El programa entiende que un proyecto de lectura es a largo plazo y necesita la participación seria y activa de las instituciones locales, sean éstas públicas o privadas: alcaldías, grupos juveniles, fundaciones, iglesias, juntas de acción comunal, colegios. Este blogg es parte de una estrategia de comunicación y visibilización de las actividades que se realizan en los talleres, aquí se encuentra la producción de los participantes, las metodologías de los talleristas y las reflexiones que se generan en la experiencia. El blogg es la punta del iceberg de todo el programa por la promoción de la lectura y la construcción responsable de región.

martes, 11 de octubre de 2011

La mirada de Beatriz



Caracolí del Cesar

Por: Beatriz Helena Robledo, invitada a la Ronda de lectores en Aguachica


Llevo muchos años haciendo talleres. Hay siempre una promesa de lo inesperado cuando uno se va a encontrar con un grupo que no conoce, del que sabe algo por referencias porque, quienes organizan, te dan unos datos que te permiten preparar el taller siempre imaginando quiénes serán, qué sabrán, qué habrán vivido, qué esperan…

Esta vez la invitación era a participar en la ronda literaria Caracolí del Cesar. Solo el nombre es un poema. Caracolí, el árbol mágico que da sombra, que cobija. Y el Cesar, una tierra inmensa, calurosa, con gente amable y cadenciosa.

Llegamos a Aguachica después de varias horas de viajar en un pequeño bus, con la grata compañía de Pilar Lozano, amiga querida, periodista, escritora, tallerista y quien desde el inicio compartió el entusiasmo de hacer parte de una ronda literaria con niños y jóvenes.

Primero, el encuentro con los otros, los adultos unidos, porque creemos en el poder liberador del lenguaje. Esa intención compartida se volvió cofradía, pacto fraternal, expectativa. Al día siguiente, el encuentro con los niños.

El espacio se hizo cómplice de la ronda. No logro imaginar cómo pudo haber sido este taller en un salón de clase o en un auditorio. El escenario elegido por los organizadores rimaba con la alegría del encuentro de cientos de niños y niñas venidos de los diferentes lugares del sur del Cesar quienes llevan un largo trasegar por los libros, las lecturas, las conversaciones, los escritos.

Tuve la fortuna de hacer el taller bajo la sombra de un árbol. No era el Caracolí real porque no podía serlo. Caracolí se volvió símbolo: a la sombra del Caracolí nos reunimos niños y jóvenes desde los 12 a los 16 años a disfrutar con el lenguaje, a crear y a imaginar mundos posibles, a partir de las historias y poemas entretejidos con sus palabras y sus deseos.

Les propuse un Festival de adivinanzas. Cada grupo recibió un libro de adivinanzas con la propuesta de leerlo, disfrutarlo y luego elegir cuatro adivinanzas bien difíciles para lanzarlas –como una piedra en el estanque- a sus compañeros. Las adivinanzas comparten la magia del Caracolí. Te atrapan y te hacen olvidar del tiempo real. Toda tu mente y tus emociones se concentran en tratar de encontrar la respuesta que no es más que el conjuro para lograr la epifanía de la imagen.

Vengo de padres cantores
Pero yo cantor no soy
Tengo blanca la capita y amarillo el corazón.

En el campo yo me crié
Metida entre verdes lazos
Y aquél que llora por mi,
Es el que me hace pedazos.

No soy de vidrio
Ni de cristal
Mas al nombrarme me rompen.


Las imágenes son metáforas, crean resonancias que te acercan a la palabra y al encontrarla, rompe el encantamiento, dejando un eco de sonidos, sabores, texturas, olores, formas, que aparecen al intentar adivinar. Y este intento produce placer.

Los niños gozaron el festival. Reinó la alegría y la concentración.

-Grupo 1 lanza su adivinanza al grupo 2. Si adivinan ganan el turno para lanzar la suya. Si no lo logran, pasa el turno al grupo 3

Y así… la ronda literaria se teje esta vez en el mundo del enigma, del rompecabezas de imágenes que te conectan con la poesía. Porque la adivinanza es metáfora en proceso, es símil, es analogía. Conocer el proceso creativo que lleva en sí una adivinanza le da a los niños una vivencia que es, a la larga, conocimiento para crear sus propios textos, sus propias imágenes.

Una chica llevaba la cuenta del grupo ganador. No hice eco a este deseo, porque hace tiempo aprendí con esta ronda de las adivinanzas, con este festival, que no era bueno presentarla como competencia. Nuestros niños deben aprender otras maneras de relacionarse que no sea compitiendo. Quizás en este país tan violento y tan desbaratado recrear los espacios gratos, amorosos y creativos puede trazar rumbos más vitales a estos niños que tienen una realidad dura y difícil. Como lo es para la mayoría de nuestros niños.

Al terminar el festival me di cuenta que el Caracolí acababa de entregarles una vez más el poder de la palabra.

Entonces el Caracolí empezó a florecer…

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