Los talleres de creación literaria Caracolí del Cesar son una iniciativa de la Gobernación del Cesar a través de la Red Departamental de Bibliotecas Públicas. El objetivo de estos talleres semanales es la promoción de la lectura y la circulación de usuarios en las bibliotecas de todos los municipios del departamento. El programa busca el reconocimiento cultural de las diversas regiones a partir de la divulgación de escritores y artistas locales, entendiendo que ese reconocimiento solo es posible desde una mirada a la cultura universal. Para tal fin se ha dividido la región en cuatro nodos: Nodo Centro, Nodo Noroccidental, Nodo Sur y Nodo Norte. Cada uno de estos nodos tiene un coordinador y cada municipio tiene un tallerista que desarrolla actividades de gestión, información y creatividad con niños, jóvenes y adultos. Las bibliotecas municipales son el espacio donde se realizan estos encuentros y sus bibliotecarias son la mano derecha de los talleristas para alcanzar las metas. La dirección general de estos nodos está centrada en la Biblioteca Pública Departamental Rafael Carrillo Lúquez de Valledupar. El programa entiende que un proyecto de lectura es a largo plazo y necesita la participación seria y activa de las instituciones locales, sean éstas públicas o privadas: alcaldías, grupos juveniles, fundaciones, iglesias, juntas de acción comunal, colegios. Este blogg es parte de una estrategia de comunicación y visibilización de las actividades que se realizan en los talleres, aquí se encuentra la producción de los participantes, las metodologías de los talleristas y las reflexiones que se generan en la experiencia. El blogg es la punta del iceberg de todo el programa por la promoción de la lectura y la construcción responsable de región.

viernes, 28 de octubre de 2011

Bajo las palabras del Caracolí



Por: Luis Barros Pavajeau, novelista invitado a las Rondas de lectores en Valledupar.

Quedé desconcertado. No era que la sesión no estuviera saliendo a pedir de boca. Era, ni más ni menos, que la sesión olía a naufragio. La veintena de muchachos de Manaure, Becerril y Pueblo Bello, parecía no conmoverse. Sí, quedé desconcertado. Y desconcentrado. Tanto que incluso llegué a decir que Octavio Paz era un señor que se había ganado el premio Nobel de la paz. Me lo dijo después Ángel, el coordinador del grupo de Pueblo Bello. Puede reírme entonces, pero antes no.

Antes vi que ni siquiera el lenguaje descarnado de Rubem Fonseca consiguió reclamar su atención. Me pareció insólito. Hasta ese momento, en cualquier auditorio, Fonseca siempre me funcionó como un as debajo de la manga… Ni Fonseca, ni Mastretta, ni mucho menos las micro ficciones de Jaime Echeverry. No era un asunto de historias largas o cortas… Un misterio se abría ante mí.

Entonces, desmonté lo que traía en mente. Me acordé que el ejercicio del teléfono roto, para demostrarles las diferencias entre oralidad y escritura, logró entusiasmarlos. Ese era la ruta del camino a seguir… Escucharon las recomendaciones para armar un cadáver exquisito, técnica surrealista en tiempos de entreguerras que…. Y de pronto me callé. Me di cuenta por fin, que no les interesaba la teoría. O querían que no me demorara tanto en ese asunto. Deseaban acción.

Revolvimos artículos, verbos, adjetivos y sustantivos. La mayoría de las veces asomaron frases sin sentido que los divirtieron. Daniel Marín Chima de Pueblo Bello armó las cartageneras son virtuales al caminar, y Jesús Edimer Rodríguez Acuña de Manaure, ordenó Él busca lima grande para afilar un machete. Todos quisieron leer sus frases: Manuela compra la canela (Sandy Lenuska Márquez); La Narnia decolorada subastará su nueva película (Andrea Paola Vides Hernández); Harry quiere un desensueño en París (Ángela María Becerra Carvajal); Los europeos llegaron sin amparo (Geraldine Stephany Cabana Ortiz).

Sin embargo, estaba atragantado con la espinita de la lectura de los cuentos. Les conté que uno entraba a la literatura escuchando los cuentos narrados por los abuelos y/o los padres. Les conté mi experiencia con mi abuelo paterno. También les dije que la lectura es un acto de amor; no en vano las palabras van cosidas a los sentimientos. Quise volver a intentarlo, a seducirlos por los oídos. Esta vez, lo hice con mis obras; Ciudad baabel y Los salmos de la sangre. Había fogueado la lectura de mi novela entre auditorios aparentemente insensibles y con el consenso de las palabras, terminaba por echármelos al bolsillo. O para ser más específico, al lenguaje. En cuanto a Los salmos de la sangre, leí una de las crónicas situada entre algunos de los municipios del departamento. Pensé que la cercanía geográfica y el lenguaje, los podía enganchar.

Afortunadamente no me equivoqué. Después me dijeron que les había gustado la historia de la buseta por lo rápido del lenguaje y porque allí se hablaba común y corriente. Ahí me llegó la otra clave de la jornada. El grupo se inclinaba más hacia la oralidad. Pedí que escribieran cuentos de sus poblaciones. Entre las lecturas, aparecieron leyendas y mitos; el Siborcito, La Bola de Candela y la culebra Doroy, que cuando silba y es escuchada por una mujer embarazada, el hijo nace cantante.

Era un Viernes Santo. Mis amigos y yo nos fuimos a jugar al escondite por la noche. Mamá nos dijo que no jugáramos porque ese día era malo estar en la calle. No le paramos ni miguita de atención. Nos fuimos a jugar detrás de la casa. De repente vimos una bola de candela. Salimos corriendo. Mi hermano mayor y un amigo no aparecían. Fuimos a buscarlos con los vecinos. Los encontramos desmayados en el patio de la casa. Desde ese día no nos dio más ganas de jugar con ese susto tremendo que nos pasó.

Ingrid Marcela Carvajal Correa, Becerril


Quise también que además de escribir, contaran de viva voz sus historias. Se sentían más cómodos. Su oralidad es indiscutible. Es más poderosa para capturar la atención general. Entre el grupo de los veintidós muchachos, aparecieron sólo dos poesías:

Sentir tu risa, sentir tu mirada

Sentir tus regaños, sentir tu aliento

Y saber que no estás aquí…

¿Por qué no puedo estar contigo?

Sólo me hace pensar que debo seguir adelante

Y superar los obstáculos que me pone Dios,

Sólo así sé que debo ser fuerte y poner todo sobre mí,

Sin imaginar que Dios nos quita al ser más amado que tenemos en la vida

Y ese ser amado para mí eres tú, mamá,

Sólo quiero pensar que esto es un sueño,

Despertar de él y encontrarte a mi lado

Y que nunca te vayas de mí,

Sólo quiero que estés conmigo,

Te voy a seguir amando, estés donde estés,

Mi madre querida…

Sandy Lenuska Márquez, Manaure.


El color verde le da sentido a su alrededor,

Bañado de un río hermoso

Y adornado de un coliflor,

Tiene un aroma encantador

Que lo hace ver un pueblo amañador,

Las noches estrelladas hacen descansar a los hombres campesinos

Son gentes muy humildes y unidas,

Porque más que vecinos, son amigos,

Las riquezas naturales son apreciadas por los turistas,

Disfrutan de la frescura y comida

Que los estaderos brindan,

Creo que es el mejor de los pueblos

A mí esa idea, nadie me la quita…

Jesús Edimer Rodríguez Acuña, Manaure.


Muchos de los cuentos escritos narran la violencia que se vivió en esos municipios, considerados en un tiempo como zona roja. Se leen asaltos e incursiones guerrilleras, pescas milagrosas y/o situaciones de desplazamiento:


En el 2002 a principios de año, comenzaron los comentarios que la guerrilla se iba a meter al pueblo. En esa época yo tenía siete años de edad. Estudiaba en el Trujillo en el segundo grado. Mi profesora era mi tía Rosana.

Era un miércoles como a las siete de la mañana. La guerrilla se metió en todo el pueblo y anduvo por los alrededores del colegio combatiendo con el ejército. Las balas se intercalaban por los calados de la pared. Al principio no sentimos miedo. Nuestra maestra tenía los nervios alterados pensando que nos fuera a pasar algo, y dijo ¡Tírense al suelo! Pero no prestamos atención y ella nos arrojó al suelo.

Cuando se calmó el combate, todas las mamás fueron a buscar a sus hijos. Pero a mí nadie me fue a buscar. Era la última. Sentí que no le importaba a nadie. Mi vida sólo me preocupa a mí.

Geraldine Stephany Cabana Ortiz, Becerril.


El 25 de septiembre de 1990 a las ocho de la mañana a la casa del señor Andrés llegaron unos tipos que hacían parte de las FARC diciendo que les entregara su finca junto con su ganado. Sino lo hacía se llevarían a sus hijos y los matarían delante de sus ojos. Éste decidió entregarlo todo, lo que con gran esfuerzo él y su familia habían logrado.

Después tomaron la decisión de irse muy lejos, donde este tipo de gente no los siguiera molestando. Ni mucho menos extorsionando. Fue así como el señor Andrés y su familia siguió adelante.

Tatiana Andrea Costa Pacheco, Manaure.


En cuanto a la pregunta de qué pasaba cuando llevaban libros a sus casas, respondieron que leían sus padres y sus hermanos. Sólo Sandy Lenuska Márquez de Manaure afirmó que en su casa es la única persona que lee. El papel de la madre es primordial a la hora de escuchar cuentos. La figura materna siempre inicia en ellos el gusto por la lectura. Los muchachos de Becerril me dijeron que no les prestan los libros. Tienen los libros guardados porque adelantan trabajos en las instalaciones de la biblioteca. Los libros que han leído son los de los hermanos Grim; Cien años de soledad; El viejo y el mar; Popol Vuh, La paloma despistada y La sardina mensajera de Pilar Lozano; La silla de plata de Clive Staple Lewis; La máscara de la muerte roja; La gallina degollada; Los niños en el bosque; La rebelión de las ratas; Crónica de una muerte anunciada; Crónicas de Narnia; Tintin; Zoro; El expreso polar.

Al final tuve una gran experiencia, después de ese inicio desconcertante. Es importante programar un plan alterno. Creo que en estas edades adolescentes hay que darles un cierto tiempo para que se relajen y ya sin vergüenzas, decidan participar en la dinámica del taller.

A la pregunta de qué era un libro para ellos y cuales habían leído, respondieron:

“Un libro es una navegación de la mente… Tu imaginación va creando esa película en la medida en que vas leyendo.” Ingrid Arias Rodríguez, Becerril.

“Un libro es un ser humano porque todo ser humano tiene su historia.” Geraldine Stephany Cabana Ortiz, Becerril.

“Cuando leo un libro siento que la mente se abre y el corazón se coloca en marcha… Se sienten e imaginan muchas cosas.” Freddy Puerta Guerrero, Pueblo Bello.

“Para mí un libros es como viajar a otra parte del mundo… Puedo imaginar todo lo que leo y vivir una realidad comparada con un libro.” Jaider Nieto, Becerril.

“Un libro me hace volar la imaginación y da mucho aprendizaje.” Daniel Marín Chima, Pueblo Bello.

La jornada estaba salvada. Pero me equivoqué. Mi grupo no iba a dejar de desconcertarme, por fortuna. Esta vez hasta las raíces de mis huesos. Ocurrió sin escándalos, suavemente, de palabra a palabra, otra vez, en el acto cómplice de lector y escritura:

“Un libro está lleno de las cicatrices que causa la vida.”

Michael Jhordan Jiménez Borja, Becerril.



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