Detrás de cada una de las historias que generan los talleres Caracolí del Cesar está un grupo de escritores y gestores culturales que desde hace años ha venido pensando y concretando esta idea. Por mucho tiempo han tenido como espacio de encuentro la casa de Carlos Guevara en la calle del Espíritu Santo. En esa acogedora casa, aromatizada con las delicias culinarias de Mayo, se han reunido entre otros, Beethoven Arlant, Pedro Olivella y Mónica Morón Cotes.
Desde inicios del 2009 Mónica Morón es la parte visible (y al mismo tiempo invisible) de un equipo comprometido con elevar los niveles de lectura en todo el departamento. Según lo afirman los funcionarios de la biblioteca, es la primera en llegar y es la última en irse. Toma decisiones prácticas y a tiempo. Cree en lo que se está haciendo y tiene una profunda confianza en el equipo que ha conformado en todo el departamento. Está enamorada de este proyecto. Cuando la visitamos estaba evaluando los talleres Caracolí del Cesar con los coordinadores de Nodo. Ese día de diciembre Valledupar nos había regalado desde temprano un aire tan diáfano que hasta la Sierra nos dejó ver sus picos nevados.
¿Cuál ha sido tu relación con el arte desde tu formación de sicóloga?
Más que un interés por los temas culturales, soy una convencida del poder del arte y la cultura. Mi tesis de grado se basó en el arte como objeto de deseo. Creo que el arte suma, que el artista no es el pintor reconocido, pues más allá de un reconocimiento está la vida artística; el arte ofrece al ser humano un elevado nivel espiritual que repercute favorablemente en la calidad de vida. Por eso creo en la lectura como un ejercicio importante para el desarrollo humano. La lectura abre universos posibles.
¿Cuál es la génesis de este proyecto de lectura y creación que tiene su centro en la Biblioteca Rafael Carrillo Lúquez?
De tiempo atrás ya veníamos conversando con Carlos, Beethoven y Pedro en este proyecto. Conocí a Carlos Guevara un Día de la Mujer, él me invitó a un acto cultural, y desde ese momento entablamos una relación de amistad que se ha venido fortaleciendo a lo largo de estos años. Su amistad, su cercanía, sus consejos y su convencimiento, nos han ayudado a todos a construir este proyecto que es, ante todo, vivo y que se hace día a día con sus errores y aciertos.
¿Qué ocurrió cuando llegaste a la Biblioteca?
Cuando llegué a la Biblioteca ya venía pensando en la Red. Con Nelson Ramírez y el equipo en pleno nos sentamos a pensar en las estrategias de intervención. De esas reuniones de trabajo nació la idea de que los talleres de escritura y lectura fueran continuos, en lugar de los talleres de dos semanas que se venían ofreciendo. Fue un acierto y un descubrimiento. Viajé por todo el departamento para conocer una a una las bibliotecas municipales y poder hacer un diagnóstico. En esos viajes me di cuenta que la red no era tan sólida. Bibliotecas con una infraestructura lamentable, sin internet, sin aire acondicionado, pobremente dotadas; bibliotecarios sin formación en la promoción de la lectura. Nos dimos cuenta que teníamos por delante un trabajo bien interesante y arduo. Comenzamos por visitar experiencias significativas en red. Estuvimos en Bogotá, Medellín y Caracas. En septiembre comenzamos a realizar una idea de talleres de creación en forma continua y en 2010 la implementamos desde marzo con el nombre que ya se ha convertido en un sello y en un imaginario para muchos niños del departamento: Caracolí del Cesar.
¿Cómo nace el nombre Caracolí del Cesar?
Queríamos una imagen simbólica representativa, no histórica. Es decir, no queríamos el nombre de un personaje ilustre en las letras o el arte, nada de eso. Beethoven Arlant fue el que sugirió el nombre y la explicación simbólica que para nosotros se ajusta a lo que queremos. Es un árbol frondoso, por lo tanto da buena sombra, él mismo tiene su propia fuente de agua de manera permanente lo que hace que se mantenga reverdecido en verano como en invierno, además es un árbol que se encuentra en todo el departamento, tanto en el llano como en la montaña. La imagen del árbol con niños leyendo debajo de sus ramas es una señal poderosa y esa misma estructura biológica que le permite nutrirse en cualquier periodo del año nos ayuda a pensar en proyectos que se sostienen en el tiempo, sean cuales sean las personas que los lideren. Hay ejemplos de Caracolís en el departamento que tienen más de 400 años, eso nos pone a pensar en permanencias más allá de las contingencias humanas, casi que temporales.
¿Cómo funciona la Red Departamental de Bibliotecas?
Tengo un equipo cercano, que es el grupo de la Biblioteca Rafael Carrillo Lúquez, desde Nelson, como coordinador de sala, y Eliana mi asistente, hasta cada uno de las personas que están aquí apoyando las actividades de las distintas salas con que cuenta la biblioteca, incluyendo por supuesto el personal de servicios generales. Sin duda hay dos personas muy cercanas que son Carlos Guevara y Beethoven Arlant. Carlos es un hombre clave en todo esto: su experiencia, su formación de lectura, su reconocimiento en todo el departamento como formador de lectores. Con ese excelente equipo humano hemos generado confianza regional, hemos aprendido que una red basada en la confianza se sostiene. Yo confío plenamente en los coordinadores de Nodo y en los talleristas. Cuando hay problemas intervenimos con celeridad, las reuniones periódicas son muy productivas porque allí se evalúa y se proponen ideas para mejorar. Los talleres de capacitación nos enfrentan a dudas y debilidades, desde allí actuamos. Lo significativo de todo esto es que hay un equipo que cree en todo esto y esa es la clave. Si se contrata a una persona en la Red es porque hay suficiente profesionalismo y capacidad humana, esa capacidad de ponerse en los zapatos del otro.
¿Cuál es el perfil de un coordinador de taller en los municipios del Cesar?
Es un perfil sencillo y complejo al mismo tiempo. Pienso que lo más importante para un coordinador de talleres es que crea en la lectura y que sea lector. Que crea que leer es un placer y un goce. En la medida en que lo creen es muy fácil que se establezca una comunicación con el niño, una empatía para que ese niño y ese joven amen la lectura. Si un coordinador de talleres tiene buenas lecturas va lograr que sus estudiantes lean buenos libros.
¿Qué lecciones han aprendido en estos dos años?
Cada semestre hemos aprendido cosas importantes para ir creciendo. Hemos aprendido a acercarnos a las alcaldías, a enamorarlas de este proyecto, hemos tocado puertas a instituciones, hemos entrado a las casas de la familia, todo esto desde los coordinadores de talleres que no se han contentado con dictar sus talleres sino que han hecho gestión y etnografía. La gestión nos ayuda a conformar una red, mientras que la etnografía nos fortalece esa red, pues nos ayuda a conocer las familias, los barrios, los lugares de donde vienen los niños y jóvenes de Caracolí. Este año fue muy importante para la cohesión de los participantes la entrega de camisetas, lapiceros, libretas. Esto ayudó a que los niños tuvieran un sentido de pertenencia por una imagen que ya se ha incorporado en sus vidas. Las cuatro Rondas literarias fueron muy importantes para la construcción de región a partir del intercambio cultural entre los municipios.
Es decir que se están cumpliendo las metas.
Sí. Este año nos sobrepasamos en el número de participantes y en el número de talleres. Lo que nos imaginamos de la experiencia sobrepasó las expectativas. Este año hemos invitado a más escritores que en los años anteriores; es muy importante el testimonio de estos escritores que vinieron de todas partes, ellos afirman que esto no se ve en todas partes. Todavía no estamos a la par de experiencias de Bogotá y Medellín, pero tenemos claro de estar superando a muchas ciudades y departamentos intermedios del país. Para nosotros ha sido clave el apoyo que siempre le ha dado a la Red nuestro gobernador Cristian Moreno Panezo. Esto ha crecido como una bola de nieve y el gobernador ha estado allí siempre para darle el reconocimiento debido a la Red Departamental.
¿Cuál ha sido la clave para estos aciertos?
Que nos hemos tomado muy en serio. Queremos entender las debilidades para construir oportunidades. Este año, por ejemplo, contratamos una investigación con Elurbin Romero, historiador de la Universidad de Santander. Esa investigación convertida en el libro “Pensamiento y voces: Ejes culturales para unas políticas de lectura y bibliotecas en el departamento del Cesar”, nos ha dado valiosas señales para mejorar la calidad de lo que se lee y lograr que más lectores lleguen a nuestras bibliotecas. De otra parte, ha sido importante este año la dotación bibliográfica con un total de 17.053 libros adquiridos para el fortalecimiento de 25 bibliotecas en todo el departamento, estamos hablando de 645 libros por cada biblioteca de la red.
¿Cómo veremos el Caracolí del año entrante?
Esperamos para el año entrante que las actividades de la red se muestren más en la comunidad. No pensando en protagonismo, no es la idea, sino pensando en la promoción de la lectura que es nuestro gran objetivo. Por ahora ya hemos avanzado en la difusión a partir de la web, los blogs que hay están constantemente mostrando resultados; tenemos proyectadas una memorias de las actividades, queremos ir más allá de una memoria que nadie lea, la idea es construir un texto de lectura para los mismos niños y sus familias. Una memoria útil para todos.
Un Caracolí autosuficiente, me decías hace un rato. ¿Cómo lograr que esta experiencia vaya más allá de las personas que ahora están en el grupo?
En eso estamos pensando, en eso creemos, lo hemos hablado hoy en la reunión con coordinadores de Nodo. La idea es diseñar un programa tan coherente y ajustado a nuestra cultura regional que sea fácil y sensato continuarlo por las personas que vienen. Para ello debemos demostrar que este proyecto funciona y da resultados tangibles e intangibles.
